¿Por qué permitir que se ahoguen unos alumnos si y otros no?

Relato realizado el 1 de abril de 2016 por Maria Rydkvist con la participación y aportaciones de Federico Nicolas Ayala Handji

Hace unos días en una conversación con un docente en la que nuevamente defendía mi postura inamovible sobre la necesidad inmediata de la existencia de una escuela exclusiva para los alumnos superdotados, me contestaron lo siguiente:

“Creo que puede existir una escuela para todos, hay que dar espacios individuales y también llevar los comunes”

Sabemos que a los niños superdotados (no los niños talentosos o AACC) es decir, los que tienen un componente biológico diferenciado sobre todo en el grosor del córtex prefrontal y en las funciones ejecutivas del mismo (información que se desprende de los numerosos estudios actuales en neurociencia acerca de este colectivo de individuos), pues que se les recomienda en la mayoría de escuelas del mundo, la aceleración de uno o varios cursos académicos y un enriquecimiento del currículo escolar, como solución a sus necesidades educativas específicas en base a su superdotación (prefiero específicas que especiales, ya que son necesidades y medidas intransferibles de un individuo superdotado a otro), pero todas estas medidas están llevadas a cabo casi siempre, dentro y desde la filosofía y enfoque de la escuela inclusiva.

Es mi deseo el ver la efectividad de esta filosofía dentro de una escuela y aula inclusiva para todos, pero traspolándonos a que la normalidad lo es ahora de una escuela de superdotados, y la excepción a la norma lo es de la existencia de alumnos con CI 100 en la misma. Desde esa perspectiva y ejemplo, es mi deseo analizar qué ocurriría y cuales serían las consecuencias de esta adaptación educativa en favor del enriquecimiento y de la aceleración (o en este caso desaceleración como veremos un poco más abajo) para aquellos alumnos con inteligencia estándard y que atendiesen en el centro educativo de superdotados para que se pudiesen integrar en el mismo.

El contexto es el siguiente:

  • Un colegio exclusivo de niños superdotados con una filosofía de integración a la diversidad.
  • Una clase de cuarto de primaria con 24 alumnos superdotados de 9-10 años de edad.
  • Al empezar el cuso escolar ingresa un nuevo alumno en la clase de superdotados que tiene un CI de 100 al que integran en el aula.

A las pocas semanas desde el inicio del curso, el niño no sobredotado empieza a comentar en casa que no quiere ir más a la escuela, porque no lo entienden y dice que se encuentra sin amigos, además de que siente que no está aprendiendo porque no entiende cómo aprenden los otros niños.

Vemos como la situación de asincronía se acentúa y que este niño no sobredotado está sufriendo, llora en el aula y en el patio, se ve impotente por no poder decidir sobre su propia situación, y comienza a manifestar mal comportamiento en el colegio, falta de atención y a somatizar con frecuentes dolores de estómago y de cabeza, negándose a ir al colegio cada mañana.

Tras una serie de reuniones con el centro escolar y la dirección del mismo y tras un gran desgaste por parte de los progenitores de este alumno de CI 100 para que entiendan de su necesidad, se pretende comenzar a aplicar esta filosofía a favor de la inclusión y un programa específico a sus necesidades educativas en las que se van proponiendo diversas soluciones.

La primera propuesta que decide poner en marcha el tutor del alumno, es que el niño no sobredotado asista tres horas a la semana en matematicas y en lenguaje a clase con los niños superdotados de seis años de primero de primaria.

Tras varias semanas en las que el niño no sobredotado abandona su clase y asiste a clases de matemáticas y lenguaje con los niños tres años más pequeños que él de primero de primaria, sigue sin entender las explicaciones en las otras materias con los niños superdotados de su edad, y necesita estar más tiempo en primero donde el alumno no sobredotado encontrará mayor intercambio y nivel similar de aprendizaje, pero nuestro alumno no está convencido de estar todo el tiempo con niños más pequeños que él, y dice en casa que no quiere ir porque le da vergüenza.

Al ver que el ritmo de aprendizaje realmente le es complicado en su clase con niños superdotados de igual edad cronológica, por decisión del centro escolar para favorecer su integración, se acuerda “desacelerarlo” tres cursos, es decir, enviarlo a primero de primaria todo el tiempo y que este sea su curso normal, para que pueda encontrar un aprendizaje acorde a sus necesidades. Pero a los pocos días, el niño de nueve años no sobredotado se niega a ir a clase con los niños superdotados de seis años.

Lógicamente no ha encontrado su sitio emocionalmente hablando ya que se ve rodeado de niños más pequeños, que aunque cognitivamente estén a su nivel, este hecho de la edad le supone un problema ya que se siente solo, junto con que él nota que sigue sin amigos, y que estos niños tienen otra sensibilidad distinta, y que parecen afectarle todo de otra forma, y él se sigue viendo diferente y muy solo.

Sus padres que en un primer lugar apoyaban la desaceleración del alumno, contactan al centro y comentan que el niño sigue sin encontrarse bien y que el niño tiene ansiedad y presenta estrés, lo que hace que le cueste conciliar el sueño por las noches y se levante con pesadillas tres de cada cinco de los días a la semana que tiene que asistir a clase. Parece que además ha empezado con un tic bucal en el que se muerde el labio inferior constantemente hasta provocarse un gran ezcema en la piel que le llega hasta la mitad de la barbilla.

El centro les comenta que van a darle un enriquecimiento en varias de las materias escolares para que se vea con mayor estímulo y pueda profundizar en el aprendizaje, pero que este curso es el que le corresponde por presentar ritmos de aprendizaje similares a los niños de primero de primaria, y que no pueden cambiarlo a su clase, porque primero tiene que demostrar que pasa los niveles que necesita para poder hacer nuevas adaptaciones, pero que es una escuela de superdotados con planes de integración y que están son las medidas que tienen para los niños no sobredotados en los programas de inclusión.

Aunque la velocidad de aprendizaje es parecida, el niño no sobredotado sigue sin estar feliz, presentando ansiedad y una soledad interior que le azota el alma, y sigue sintiendo que hay algo que no encaja, y que estos niños superdotados tienen una profundidad emocional diferente a él, y que el asistir a la escuela cada día, se ha convertido en algo aburrido y es un castigo impuesto por los adultos.

Muchos días, se queda embelesado mirando por la ventana de la clase, imaginando que está con niños como él, que lo entienden y que tiene amigos de verdad con los que juega en el patio, y que asiste a una escuela de niños no sobredotados donde puede ser él mismo y donde ir al colegio sea algo divertido y no aburrido.

¿Es “la escuela para todos” desde esta perspectiva que se narra más arriba la escuela que da respuesta a las necesidades emocionales y de aprendizaje de todos los niños?

¿Es el personaje de nuestro relato más feliz por verse integrado en una clase con niños que no lo entienden?

¿Qué entendemos como educación responsable y en equidad?

¿Es la interpretación en el enfoque de la escuela inclusiva el verdadero antídoto para los niños superdotados?

¿Por qué no puede ser una escuela para todos, una escuela diferenciada equitativamente para que todos los alumnos puedan sentirse integrados y entendidos?

¿Por qué permitir que se ahoguen unos alumnos si y otros no?

piscina

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