La empatía del superdotado

Artículo de opinión elaborado por Maria Rydkvist a 11 de junio de 2016 

Introducción:

Los superdotados son librepensadores y presentan un aprendizaje que también es libre, ya que se guían por la automotivación personal, y por la necesidad de conocimiento que les solicita en cada instante vital, los impulsos de su propia curiosidad.

De igual modo, la empatía del superdotado, es también librepensadora, y tiene un juicio cognitivo elevado para su propio despliegue, y para su particular mecanismo de funcionamiento. 

Se trata de una “empatía crítica con el entorno y con las construcciones sociales”, que se desliga de la empatía generalizada y normatizada del grupo, y que suele regir muchas de las sociedades y de la actitudes morales y emocionales de los propios individuos y sistemas, para poder acercase así la empatía del superdotado, a “una empatía razonada, ilustrada e humanista”, sobre el origen y consecuencia de las cosas, y sobre la participación y efecto del ser humano en el propio devenir del universo.

Conforma así la empatía del superdotado, una “empatía cosmológica y ontológica” que se aleja de lo meramente emocional y social, para acercarse a la incertidumbre más profunda de la propia existencia del ser humano, de su significado, y de su papel y participación en el equilibrio de la vida.

La empatía del superdotado, me recuerda a ese pasaje del libro de caballerías “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes y Saavedra, con su ingenioso Don Quijote, cuando este se enfrentaba en su imaginación a “enormes gigantes que se avalanzaban contra él”, y en donde su fiel escudero Sancho, “sólo llegaba a ver molinos de viento”.

El individuo altamente superdotado, se enfrenta al mundo y a “sus gigantes invisibles”, desde su profunda empatía y reflexión del sentido de las cosas, donde el resto ve solamente una serie de acciones del grupo o personales, “simples molinos blancos”, que mueven sus aspas sin interconectarse entre sí, y sin la enajenación de la personalidad y mental, que produce el sentir un símil de este tipo, que induce  al superdotado a una verdadera lucha por la injusticia, para vencer a “los gigantes invisibles” del mundo, esos que nos acosan desde la distancia, mientras la sociedad en general, y la mayoría de individuos, no atienden a mayores reflexiones sobre el destino y rumbo de la humanidad, ni sobre las consecuencias que nuestra mera existencia individual como parte del propio cosmos, puede provocar en el transcurso y prosperidad de los demás y de la historia.

El no sobredotado desde su empatía generalizada, no siente la presencia de “esos gigantes invisibles”, ni el terror de su avance por las acciones del presente, aunque sí sienten sentimientos de compasión, por los actos o situaciones reales, que les produzcan una mayor emocionabilidad. La empatía del superdotado dista de la simple compasión de la emoción, y posee de un fuerte componente intelectual.

El superdotado se ve a menudo, “infectado y desbordado, por el mal del mundo” y se resiente de dolor, por esa cara incomprendida del mismo, que sólo ve él, y que muchos ignoran, llegando a llorar amargamente en su interior y exterior, por este dolor innato de ese “pecado original” que percibe en lo que vee y entiende, del cual no desea formar parte, y por el que se siente fracasado y frustrado, ante su propia incapacidad para cambiar el rumbo de las cosas, y ante la propia inercia de los tiempos y de los individuos, que intoxican el aire vital y emocional, del que tanto necesita el superdotado para poder respirar.

La empatía se convierte en un dolor constante en el alma del superdotado, desde su más tierna infancia, por ser ésta una empatía que se produce con motivo de su metacognición y entendimiento holístico de los todos, y de cómo todo, está conectado entre sí. El superdotado, puede incluso “premonizar” los resultados que se derivan de esta “maldad invisible” y “de los gigantes amenazadores”, que inundan todo el “sistema de molinos”, y que surgen de la propia imperfección en el planteamiento, formulación y administración de los mismos, de la justicia, y de su interpretación generalizada y parcializada en la observación y concatenación de las cosas.

La empatía del superdotado, le permite ser testigo de un presente adelantado que se apertura ante sus ojos, sobre un futuro que se avecina incierto, y que es consecuencia de todas las acciones, inacción, hechos y sistemas de todo tipo, realizados y creados por el ser humano, no ya en el presente, sino a lo largo de toda su historia.

La empatía del superdotado es una empatía singular, ampliada e interconectada, que se desplaza de manera atemporal realizando un análisis metacognitivo de los propios sistemas, no tratándose, como muchas veces se la define, de una mayor carga empática y emocional en el superdotado que en el resto de individuos, al contrario, ya que la empatía del superdotado se compone de una empatía altamente cognitiva, con un juicio independiente y no influenciable, sobre el sentido común y significado de las cosas, y el modo en que estas deberían de funcionar, entenderse y aplicarse por la totalidad del grupo social, que dista de la propia aplicación y realidad de lo observado, para que así “la maldad colectiva del mundo” disminuya y se diluya. Es decir, para que finalmente ” desaparezcan los gigantes de por vida…”

La empatía del superdotado no es una empatía emocional que se influencie de las fuerzas endógenas del grupo y de las emociones en media del mismo, sino que se trata única y exclusivamente, de una empatía cognitiva que se desliga de la empatía generalizada y normativa, que rige muchas de las actitudes de los indidviduos, para poder acercase así a una “empatía razonada e independiente” sobre el origen, intervención y efecto, de las actitudes y acciones en la historia del ser humano.

El superdotado vuelve la vista, y se encuentra solo en ese patio de butacas de la extrema empatía cognitiva, que no emocional, buscando la mirada del otro en la que consolarse, y llegándose a entender como la única persona del mundo, no ya que sufre por el sufrimiento de los demás, sino que sufre al poseer una capacidad de visionar, de analizar y de entender los resultados que derivan de las acciones del ser humano, por su mera participación en las mismas y por la imperfección del propio SER.

Conclusión

La empatía del superdotado está fuera de todo constructo social, y atraviesa límites insospechados para muchos, al tratarse de empatías razonadas y lógicas, que no solamente sentimentales, y que en muchas ocasiones cuestionan al propio sistema, lo confrontan, cuestionan a las partes que lo conforman y a la moralidad que mantiene el equilibrio de los mismos, por lo tanto, se trata de una empatía librepensadora, contra corriente y altamente cognitiva.

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