La potencialidad del superdotado y el “síndrome del silbato ultrasonido”

Artículo realizado por Maria Rydkvist en Estocolmo a 19 de agosto de 2016

Resúmen:

Los “enfoques en achievement” actuales en este campo del talento y de la superdotación que tanto están de moda en nuestros días, intentan “diseccionar la superdotación” en “compartimentos separados” a los que uno denominan “la potencialidad”, y al otro “el logro”.

Ambas secciones, parecen estar aparentemente divididas entre sí en el superdotado, (pero esta división no se aplica del mismo modo, ni parece quedar recogida igual de clara para el individuo no sobredotado), y parten de la base “de que al superdotado solo se le reconoce si este presenta un alto rendimiento académico”, ya que si no, se dice que el superdotado “posee solamente la potencialidad”, pero “no logro o resultado”, por lo que entonces, “no podría ser considerado superdotado” y el superdotado así: “sólo tendría la potencia, pero no el producto ni el reconocimiento por el alto logro o valor del mismo”.

 Es mi deseo demostrar que este enfoque del logro está equivocado, y que presenta un fallo sistémico en forma y modo, dejando la capacidad y valoración de los superdotados en manos de los no sobredotados y bajo los pilares de referencia en el que los mismos realizan sus valoraciones bajo la dinámica del propio constructo y grupo social.

Introducción:

Esta semana he comenzado a desempeñar mis funciones como docente en un nuevo centro escolar. Al comenzar a relacionarme en entornos nuevos y entre individuos adultos no sobredotados, siempre considero interesante y hasta el punto de abrumador y fascinante, el analizar al detalle y desde mi condición de superdotada, qué es lo que observo de aquellas personas con las que interactúo y me rodeo en estos primeros días y encuentros, para ver si las mismas, “son capaces de detectar mi superdotación y sus manifestaciones en el día a día” y por traspolación “el de los posibles alumnos y estudiantes superdotados a los que den clase o atiendan en este centro”, o de si mis manifestaciones, como viene siendo lo habitual en mi caso (y en de los alumnos superdotados), “pasarán rápidamente a ser simplemente vistas como comportamientos e intervenciones raras, diferentes y extravagantes”, con el efecto negativo que esto siempre acarrea y lleva asociado en el largo recorrido sobre mi persona, y sobre el superdotado en general, ya sea en su recorrido académico o en su trayectoria laboral y sentimental en el grupo social.

El hecho de que el superdotado “destaque siempre e inconscientemente en diferencia aunque intente no hacerlo”, lo cual le resulta casi imposible, lleva asociada y grabada “la palabra diferencia” alrededor de su paso, pero como “sinónimo de negativo”, al convertirse en individuos diferentes en la inercia del grupo, ya que el aportar diferencia en el grupo y al grupo, no te dota precisamente y por parte del mismo y de sus valoraciones, de poder pasar a a ser la persona más popular y a la que se le otorga el lugar del más inteligente en el mismo, o de la que se entiende y reconozca que trabaje en el mayor nivel de logro, y de lo que realmente te proporciona en cambio, es de poco más o menos, que de “un lugar de observador incómodo y no deseable”, que produce “un efecto dominó de estampida” en el grupo, más que de “una gran admiración y de apoyo” por parte del mismo y de las partes y personas en la jerarquía que lo conformen.

La conclusión y resultado de mis observaciones a las que llego, es que “el no sobredotado se pierde en las argumentaciones y manifestaciones típicas y características de los superdotados y de la superdotación, y que por este motivo, no puede apreciarlos” y menos aún, “valorar su logro y el resultado de las acciones de los mismos”, porque “no es capaz de valorar y ver” el “elevado nivel en logro en el que se manifiesta y expresa el superdotado continuamente”, porque lo cierto es que “no existe en el no sobredotado, el canal desde el que puedan apreciar y valorar al superdotado”, ya que directamente, no han conocido ni conocen esa experiencia que no experimentan, que no manifiestan, y por lo tanto, “no la podrían reproducir, ni interpretar y aún menos valorarla”.

De repente te das cuenta, de que en estas primeras interacciones en grupos nuevos de individuos, y en tan solo una pocas horas, pues que “te conviertes sin quererlo en la única persona entre más de 200 docentes”, que levanta la mano en “la exposición del experto” y que lo desnuda frente a su público, porque has encontrado “el problema de raíz”, acorralándolo sin querer contra las cuerdas, y llegando rápidamente por tu parte a una conclusión “adelantada” en calidad de resultado y de nivel del logro que produces, sobre la temática que se está tratando en cuestión, y que sin querer casi, “se te escapa por los labios” pues algo que aún no ha podido ser pensado, ni razonado por el resto de individuos que coexisten en la misma sala, y “a los que pillas por sorpesa”, en un claro ejemplo de “desfase cognitivo” , por el rápido “salto o leap cognitivo” con el que has realizado tus asociaciones, y que este giro tuyo, pues no puede entenderse, porque no se ha pensado por el grupo, y por lo tanto, tampoco podría ser “valorado, ni entendido” el nivel y calidad de la intervención y de tu prestación, al no poder el grupo y de manera autómática y ante igualdad de condiciones, llegar a razonar el resultado de lo que indicas e intentas explicar en tu intervención, “casi ya con aspavientos” al verte incomprendido y frustrado, mientras los 400 ojos que te observan, no son capaces de seguirte, y te miran con cara poco más que de incrédula, porque no llegan a entender lo que estás diciendo cuando tú sabes que llevas razón y el tiempo te lo confirma rápidamente, si no lo está ya haciendo… la cara de venganza “del experto”.

¿Qué es el síndrome del silbato ultrasonido?

A este fenoméno de asincronía entre quién mide y observa o valora (el no sobredotado), y desde dónde se mide y se observa o valora (desde la perspectiva y valores del no sobredotado), en las distintas situaciones en las que ambos cohabitan e iteractúan, lo llamaría “el síndrome del silbato ultrasonido”.

El superdotado manifiestaría siempre un alto rendimiento en sus actitudes, ideas y comportamientos diarios, pero “el no sobredotado no puede oir la frecuencia del sonido desde el silbato ultrasonido por el que el superdotado sopla a diario”, simplemente, porque no tiene oído para ello.

El “silbato ultrasonido” es el que se utiliza para adiestrar a perros, y en este símil, “los individuos no sobredotados trabajarían en una frecuencia diferente, no siendo capaces de poder escuchar el silbido del silbato en las frecuencias en las que emite el silbido el individuo superdotado”.

“El superdotado sopla el silbato ultrasonido”, pero el no sobredotado, “no escucha la frecuencia, ya que debe sintonizar en una frecuencia conocida para poder oir el sonido del silbido”, llamando así de “insuficientes”, las frecuencias que no puede captar del superdotado, pero que no significa que no existan, solamente que no las oyen ellos, al igual que le sucede al ser humano cuando no puede escuchar el silbido de estos silbatos para perros, y que solamente escuchan sus mascotas, pero no por eso podríamos decir que los perros no oyen, cuando de todos es conocido que oyen mejor que sus propietarios y que el ser humano.

Volviendo a la presentación con los otros docentes y a mi intervención oral en la misma, “sabes que llevas razón y que te has adelantado a todos”, y que el nivel de prestación de tu propuesta e intervención, sobrepasa en creces el nivel de entendimiento máximo en ese momento de las otras 200 personas que están contigo en la misma habitación, pero al mismo tiempo “eres testigo de la enorme soledad e incomprensión que te rodea hagas lo que hagas, y digas lo que digas, porque no pueden seguirte, ni verte”, y pierdes toda motivación y ánimo, si de los demás y de su capacidad de visión va a depender “tu valor personal y profesional en el propio grupo”, y el de tus propias ideas y esfuerzos, y que éstos lleguen incluso en algún momento, a ser considerados “elocuentes” o “inspiradores” o “a buen puerto”, y “de igual modo le sucede a los alumnos superdotados “ y estos también terminan por desconectarse del grupo y del aula, y pierden toda aspiración por aportar su esfuerzo en el mismo, ya que la forma de trabajar y entender la dinámica que dirige el trayecto y valor dentro del grupo, no entiende ni cómo piensas, ni cómo trabajas, “pero sí va a entrar a valorar tu dinámica personal y ahora va a venir también a decirle al superdotado que no existe porque no sabe expresarse en el alto rendimiento”cuando es el no sobredotado el que no alcanza a valorar el alto rendimiento del superdotado en el que este siempre se expresa, de ahí el desánimo existencial del superdotado al verse en esta vorágine de pesas y balanzas en las que funcionan los no sobredotados y que le arrancan toda personalidad y valor, no ya de resultados, sino humano.

Estoy intentando explicar de manera sencilla y pedagógica (que no arrogante o buscando la superraza), “la existencia de una dicotomía continuada en lo vital, y que afecta y produce gran desaliento al superdotado de cualquier edad”, y por eso considero tan importante, que se deje de hablar y dividir al superdotado entre “potencialidad” y “resultado” ya que es algo muy dañino en la ya de por sí “magullada experiencia vital y con el grupo a la que se ve sometido el individuo superdotado” primero en la escuela, y más tarde, en el mundo laboral y de relaciones sociales y de pareja con los no sobredotados.

La aparición y extensión de este tipo de enfoques solo pueden dar como resultado mayor número de reproches y de aislamiento social hacia el adulto y el niño superdotado por parte de los no sobredotados.

 Se trataría el enfoque del achievement de un gran infortunio para el superdotado en el presente, y que lo terminará de aniquilar y de extinguir en sociedad, así como a sus posibles manifestaciones y creaciones singulares. Posee por lo tanto el enfoque del logro y la excelencia en el superdotado, “un efecto opuesto a aquello que se desea defender o divulgar”.

Es por ello, que ante estas situaciones de incomprensión de tus ideas con alto logro en el conjunto del grupo social, que tanto el niño, como el adulto superdotado, “agachen de nuevo la cabeza”, y pasen “a mirar al patio o a la calle a través de la ventana”, o se pierdan en el contenido de la ventana digital del móvil, esperando que llegue ya la hora de salir de ahí, y de poder por fin volver a casa ante tanta injusticia en un medio hóstil y abrupto que no los reconoce ni los valora correctamente.

Estos “desencuentros sociales y sobre el valor en el grupo del superdotado”, como se puede apreciar, pues no son muy diferentes, a lo que le sucede al niño superdotado en la escuela y en el aula, con los compañeros de clase y con los docentes, que provienen del grupo de adultos con los que me relaciono, y que “no pueden tampoco razonar al adulto superdotado” y por desgracia, y resultado, tampoco al niño superdotado.

Por lo tanto, algo que no puede ser razonado por los miembros del grupo, no puede ser valorado por los mismos.

Se trata pues, de “incómodos malentendidos” o “desafortunios en las intervenciones y comunicación de ideas y propuestas” por parte del superdotado hacia el grupo y su dinámica” , grupo que “no es capaz de descifrar por sí mismo” ni sabe decodificar al superdotado, precisamente, porque el superdotado funciona siempre en el alto resultado, y el no sobredotado, funciona desde un resultado que pueda siempre razonar y entender, y no se trata de la misma cosa.

En este tipo de ecosistema en desequilibrio, es imposible que al superdotado se le valore y se le entienda, simplemente, porque no se conoce lo que estos piensan y no se entiende qué elevado nivel de prestación a igualdad de información y de hábitat, pueden los superdotados desarrollar y mostrar a diario, ya que esto mismo no puede ser pensado y por consiguiente ni imaginado, por el no sobredotado.

Es por ello, que sea más sencillo valorar al superdotado desde aquello que puede ser siempre razonado por todos los no sobredotados, ya que “resulta impensable” dar valor a algo que “no podemos razonar”, ya que no lo vemos, y esa es la verdad que rodea al valor del logro del superdotado, que no se ve por el no sobredotado, y no la de que este pueda funcionar a dos velocidades o en dos carriles, uno en potencialidad y el otro en logro, y que si lo hace en los dos a la vez, pues entonces si les vale a los no sobredotados y se ve y reconoce la superdotación.

Para el adulto superdotado resulta bastante burda y absurda esta forma de razonar y de explicar la superdotación en dos cajas, la de la potencialidad y la del logro, precisamente porque posee el conocimiento de haber experimentado desde la tierna infancia este problema de frecuencia en la percención de la onda del sonido, cuando el superdotado sopla desde su silbato de ultrasonido particular, en lugares donde el catalizador para la percepción de estas ondas está pensado y planeado para percibir otro tipo de silbatos, de no sobredotados, y que por esto mismo, no tiene amplitud ni cuenta con capacidad suficiente para recoger la calidad del sonido y lo elevado del volúmen del silbido proveniente del “silbato ultrasonido de los superdotados”.

El superdotado siempre interviene y se manifiesta en el alto logro en su espacio vital, y no puede diseccionársele de su potencialidad para que el punto de llegada pueda ser el mismo que para el no sobredotado.

 El no sobredotado, no puede valorar aquello que no puede producir, ni reproducir, cualquier otro tipo de razonamiento en torno a este aspecto, como el que se está intentando expander en el enfoque del achievement, se trata poco más o menos que de un atrevimiento necio, opaco y con una miopía cognitiva considerable sobre lo que es la superdotación y el niño y el adulto superdotado.

La verdadera dinámica, es que el superdotado funciona siempre en el alto rendimiento, pero que el no sobredotado no llega a entender desde que lugar está funcionando el superdotado, y por lo tanto, le es entonces imposible valorarlo correctamente, porque para poder valorar algo, primero hay que poder compararse y relacionarse con aquello que deseamos valorar, y si las vivencias e ideas para poder realizar este tipo de comparaciones no han existido y no se han razonado, difícilmente podremos darle el valor que corresponde, a aquello que observamos, al no poder relatarnos a ello, ni entenderlo, ¡cuán aún menos ponerle nota desde fuera!.

La vara de medir la superdotación, la elige siempre el no sobredotado, pero este no cuenta “con la potencialidad suficiente” para poder interpretar el resultado de lo que está oyendo, leyendo u observando de los individuos superdotados que tiene delante de sus ojos y que no ven y desconocen, al mismo tiempo que no pueden valorar.

Se puede llegar a entender la frustración del superdotado de verse medido y valorado desde una perspectiva y enfoque que no cuenta con la cognición suficiente para entender cuáles son las manifestaciones de la superdotación y el valor del superdotado en el grupo.

Conclusión:

Es por ello, que veo justo y razonable que igual que al superdotado se lo valora e interpreta desde el logro, pues que considero conveniente, que al no sobredotado se le analice desde la perspectiva y prisma del altamente superdotado, para que pueda verse una vertiente nueva, que “nos llevaría a un problema de audición por parte del no sobredotado en la valoración de la superdotación y de los superdotados y sus logros”, y “no a la existencia real de un problema de resultado en el nivel de las prestaciones de los superdotados con respecto a las de los no sobredotados”.

Esto que comento “del problema auditivo del no sobredotado para captar la frecuencia del sonido del silbato del superdotado”, si se analiza con un poco de profundidad, es lo más lógico que suceda, y no entiendo por qué se lleva siglos intentando “valorar” al superdotado desde “el silbato con frecuencia de sonido más corto del no sobredotado” en lugar desde la frecuencia en la que emite el sonido el propio superdotado, y llegado el caso de que esta no se pueda escuchar, ni ajustar, ni entender por el no sobredotado, que por lo menos se la respete y no se la cuestione y dejen “a los superdotados en paz” y que se cese en esto de vejarles su autoestima y denigrarlos en el grupo social bajo “unas reglas del juego que no son justas” y que son poco más “que primitivas”, por esto de la carnicería que se desea realizar con “disecciones quirúrgicas para medir y desprestigiar al superdotado”, y no proveerle de manera justa y sensata, de una identidad y naturaleza propia y tipificada, desligada de las valoraciones en logro realizadas por los no sobredotados, y que así se le pueda por fin y de algún modo proteger y respetar tanto al niño y al adulto superdotado, “en este gran dolor del recorrido social por el que deben atravesar en sus vidas” y del que “NO pueden desligarse” ni separarse en compartimentos independientes.

“El superdotado es un todo, impenetrable e indivisible”

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2 pensamientos en “La potencialidad del superdotado y el “síndrome del silbato ultrasonido”

  1. Estoy totalmente de acuerdo con este artículo, de hecho razonamos diferente que la gente normal y estos nos estan capacitados para valorarnos y comprendernos , de hecho, sólo un igual reconoce a un igual.

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    • Gabriel muchas gracias, es cierto que solo entre afines podemos entender del valor de nuestras creaciones y aportaciones. De ahí el riesgo de dejar nuestra autoimagen e identidad en manos ajenas y que sean estas las que decidan y definan por y al superdotado. Un saludo

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