Sobre la necesidad de precisión del superdotado y el valor de la estadística

Artículo de opinión realizado por Maria Rydkvist en Estocolmo a 29 de septiembre de 2016

“La estadística es una ciencia que se encarga de estudiar una determinada población por medio de la recolección, recopilación e interpretación de datos. Del mismo modo, también es considerada una técnica especial apta para el estudio cuantitativo de los fenómenos de masa o colectivo.”

Yo añadiría además, “para el estudio cualitativo de esa masa o colectivo”. Y es ahí de donde deriva la importancia de su utilización y la necesidad de la existencia de la misma para esa búsqueda de precisión de la que tanto necesita el individuo superdotado.

Se entiende y define además como precisión “a la dispersión del conjunto de valores obtenidos de mediciones repetidas de una magnitud. Cuanto menor es la dispersión, mayor es la precisión. “

El superdotado, necesita precisar y desglosar sobre aquello que sucede dentro de la masa o colectivo, son los pequeños detalles, los que al unirlos, nos dan la imagen de la totalidad del puzzle, y nos abren la cerradura del escondite y cueva sellada bajo el grito de ¡ábrete sésamo!

El individuo superdotado necesita de precisión en su aprendizaje e interpretación de la realidad. Sin esta precisión de datos y de matices, se puede caer en la tan temida generalización de conceptos, de características, en los dogmatismos, la pseudociencia y en la tan dañina dispersión intelectual que nos aleja de la verdad y de la lucidez más cognitiva.

Para poder ganar en precisión y veracidad, es necesario reducir la influencia y peso de la dispersión. A mayor precisión en la observación estadística y su análisis, en la observación de los sucesos de la masa o del colectivo, menor grado de dispersión, y mayor el nivel de libertad en el individuo como parte inseparable del colectivo y fuente de saber beneficiosa por y para el mismo. El objetivo de todo individuo, debería ser el conseguir el mayor grado de precisión posible en nuestras interacciones y afirmaciones de nuestro día a día, en los intercambios con la masa social, para poder disfrutar de un mayor margen de libertad personal e individual, por medio de una mayor eliminación de esta dispersión tan cegadora, en todo aquello que nos rodea y que catalizamos o recepcionamos.

La dispersión es una enfermedad social. La precisión es el antídoto. La estadística es una herramienta que nos permite precisar.

Desde hace años, uno de mis placeres es el poder analizar cantidades ingentes de datos estadísticos, o el llegar a conocer “la cifra exacta” en proporción al total del grupo en una causística en concreto, o en varias a la vez, para poder ver así su relación y su dependencia, su conexión e influencia, su flujo, es decir, conocer su aroma, y rastro en la globalidad del sistema, ya que todo, absolutamente todo, está interconectado entre sí, y todo, absolutamente todo, depende de todo.

De ahí la importancia y valor de la aplicación y uso de la estadística como ciencia en nuestra realidad y actualidad.

Disfruto desglosando las partes de un estudio o tema con minuciosidad, como si de “una autopsia con escalpelo” se tratara, para poder dilucidar de este modo, las distintas proporciones de las partes que lo conforman, y su información valiosa y única que aportan en el resultado final del todo en observación u observado, o de los todos, o de los diversos temas a interconectar o teoremas superpuestos. Se trata de una “disección cognitiva” en busca de la verdad, de la razón, en un mundo plagado de sin razón y de desconocimiento. Desconocimiento proveniente de una sociedad en ausencia de datos, de proporciones exactas y de estadística, de precisión, y que nos aporten profundidad, veracidad, sin filtros ni manipulaciones subjetivas.

La realidad contabilizada en los datos y sus proporciones, me aportan variables y matices de gran precisión en aquello que deseo interpretar, desvelar e incluso bajo el uso de mi intuición, vislumbrar. Lo sútil del proceso observado y del débil tintineo que las cifras nos indican “a gritos”, con sus peculiares sonidos y voces intrínsecas, nos ayudan a realizar conexiones y asociaciones que nos aportan visión al largo alcance.

Las integración de las cifras nos hacen libres, pues disminuyen nuestra parcela de dispersión.

La estadística ha dejado de ser importante en nuestros días, con el peligro que esta falta de precisión representa para el conjunto de la sociedad y para el mantenimiento de su equilibrio y paz social. En el instante en el que la estadística y la búsqueda de la precisión de los acontecimientos en el grupo deja de ser importante para el mismo, se da paso a las elugubraciones de todo tipo, al todo es permitido, a los totalitarismos, y a que todo aquel que cuente con voz y autorización social, pueda vivir de esta “dispersión social” y de los beneficios hasta económicos que el uso de la misma produce y supone en el sistema.

El negar la estadística, o no integrarla en los posicionamientos propios, al igual que a la ciencia, tiene como objetivo el incrementar las cuotas de poder personal, de las distintas disciplinas, instituciones o temáticas, para buscar un mejor posicionamiento en la pirámide social, pero el precio que la masa debe pagar por esta causística es demasiado alto, el de su propia libertad cognitiva y capacidad del individuo para decidir y actuar en base a su raciocinio. La dispersión nos nubla la razón.

El campo de la superdotación se encuentra contra todo pronóstico, despojado totalmente de todo valor estadístico y científico que le aporte precisión y lo aleje de la subjetividad indivual del hombre masa postmodernista y de la dispersión. Nunca antes ha existido un mayor nivel de dispersión en este campo de la inteligencia, ni de falta de libertad y raciocinio por los individuos que la conforman y que tratan la temática.

Se está produciendo uno de los periodos más involucionistas en el área de la sobredotación intelectual desde sus inicios, por culpa de muchos individuos que no desean precisar, y que viven de divulgar un mayor nivel de dispersión en la propia disciplina. La falta de concretización, la amplitud a la dispersión, y la dejadez del uso y manejo de datos, estadística, y de ciencia, está provocando una gran ignorancia y falta de respeto en el estudio de la inteligencia y de la superdotación. La dispersión debería desaparecer de este ámbito, sus secuelas son de una magnitud impensable e inimaginable para “el hombre masa sin datos y disperso.”

No se permite la disección ni participación en esta disciplina de la inteligencia “al verdadero hombre del conocimiento”, se le rechaza y se le humilla su deseo y amor por la precisión, por la verdad. Esta apertura hacia la precisión y la concretización en la inteligencia y su estudio, se ve eclipsada por el hombre masa que predica a través del altavoz social del propio anti-intelectualismo y dentro de sus garras, en las que estamos sumidos hasta nuestra última gota de sangre.

Se prefiere el dogmatismo para todo tipo de fines políticos, económicos o de control del grupo. El hombre del conocimiento que busca la precisión, es escupido, expulsado, lapidado. Se está identificando la precisión con la impertinencia, con la arrogancia y con el intrusismo, intrusismo en las distintas disciplinas, de las que el individuo superdotado se encuentra vetado, ya que denuncia, señala y apunta sobre la existencia de una realidad dispersa y oblícua, imperfecta y peligrosa, que ahoga el aliento del hombre masa…su brazo se ve sujetado por la inercia de éste y del grupo, por la dispersión innata del mismo y su precisión así vejada y castrada, mutilada e innecesaria.

Hoy todo vale, no se precisa, no se profundiza, vivimos en la superficialidad más absoluta y estúpida. Nos estamos volviendo esclavos de los dogmas, se pierde seriedad, veracidad, se gana en oscurantismo y dispersión, porque así se aumenta el control sobre el grupo y sobre su voluntad de decidir.

El hombre masa postmodernista sin apego a la precisión y a la verdad, se ha acostumbrado al uso de la subjetividad y a la falta de concretización dentro de una sociedad permisiva y que lo ha elevado a estas alturas por su afinidad al mismo ya no solo en reflejo, sino en pérfida sombra.

Dejar la historia, el conocimiento y el presente alejado de la intervención de la precisión, ya sea estadística, de datos, de matices o científica, es uno de los mayores venenos de nuestra sociedad actual. Mi grito de denuncia queda manifiesto en estas palabras procedentes desde mi puño y letra.

El hombre masa sin datos, se convierte en un predicador mesiánico que encuentra su abrazo y audiencia en una sociedad enferma por la falta de precisión y un exceso de dispersión de valores, de moral, de la justicia y del verdadero conocimiento, todo ello por la falta de verdad y de esfuerzo en su búsqueda.

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