El adulto superdotado “asocial”

Artículo realizado por Maria Rydkvist en Estocolmo a 10 de octubre de 2016

Desde hace varios años he ido reduciendo el número de interacciones sociales con otros individuos y me he vuelto asocial.

El término asocial se refiere a aquel individuo con una fuerte falta de motivación para participar en la interacción social y/o la preferencia por las actividades solitarias. El motivo se encuentra en que este tipo de individuos asociales no se identifican en los códigos, valores o normas que rigen el grupo social y se alejan del conformismo del mismo.

El individuo asocial no tolera de esta sumisión y pérdida de la libertad del individuo, y de la rigidez o tolerancia que presencia en la sociedad. El superdotado es consciente de esta falta de moralidad en la sociedad y en las interacciones que la conforman, y se adhiere a un individualismo por elección propia que aumenta según se van cumpliendo años.

El no verse entendido con el sentido con el que se suceden tus palabras y pensamientos en el mejor de los casos, o verse hasta repetidamente malinterpretado o rechazado en las relaciones con los demás por tu necesidad de precisión y de exigencia moral que el otro no puede mantener, hace que la sensación de verse solo y de sentir soledad, aumenten y crezcan en cada ocasión en la que el superdotado adulto está relacionándose con los demás, al ser éste muy consciente de esa falta de acompañamiento no físico, sino cognitivo, y que le ha acompañado toda su vida.

Para el superdotado, la amistad y el amor se basan en un acompañamiento cognitivo, de intereses y emociones con matices y pliegues, y no se basa en que solamente exista un acercamiento físico entre individuos, o se produzca la comunicación entre las personas, debe existir significado, sentido, y no sólo la participación en un gran número de interacciones sociales.

El superdotado sobrelleva mejor la soledad física, que el sentimiento de soledad desgarrador que siente al verse rodeado de personas que no le acompañan ni cognitiva, ni moralmente hablando. La soledad física es el antídoto para el sentimiento de soledad, que la sociedad produce en el individuo altamente superdotado.

Esta soledad cognitiva que siente el superdotado en las muchas cenas o comidas con los conocidos o familiares, o en las conversaciones con vecinos o con compañeros de trabajo, y el dolor que percibe al ser testigo de esta superficialidad normalizada y autómata, da lugar a que con el tiempo el superdotado pierda el interés en participar de estos intercambios sociales, y a una gran falta de motivación y apatía para invertir energía y esfuerzo en la mayoría de las relaciones sociales, por la necesidad social que éstas interacciones en sociedad siguen dejando sin cubrir y desnudas en el superdotado. El adulto superdotado se vuelve asocial al no necesitar de relaciones supérfluas.

El resultado de las interacciones en desequilibrio intelectual y emocional, da lugar a interacciones predecibles por parte del superdotado y al estado de desánimo del mismo. El superdotado profundo debe saber que su vida está encauzada en la soledad absoluta. Sobrevivir a la sensación de soledad es la prueba más difícil que se le presenta al adulto superdotado en la gestión de su superdotación a lo largo de su vida, pero la solución no se encuentra en aumentar el número de relaciones con el resto, sino en buscar una relación a su medida. A veces esto resulta una proeza casi imposible, y es por ello que los superdotados deben entender, que la soledad física les es beneficiosa para la gestión de las crisis existenciales, que en cierto modo se avivan y acrecentan en los periodos en los que nuestras interacciones y relaciones en desequilibrio cognitivo, han sido intensas y numerosas, a veces con nuestras propias parejas y progenitores. La sociabilidad promedio nos pone en peligro y nos induce al desánimo.

Superar la soledad y encontrar amistades con el mismo tipo de emocionabilidad y sensibilidad cognitiva que uno mismo, se convierte en la misión más difícil de realizar en la vida del superdotado.

La injusticia, la falta de moralidad, la envidia, el conformismo y el ego, son los verdaderos rasgos de la personalidad social que atan al superdotado a este aislamiento del grupo. El convertirnos en individuos asociales es un mecanismo de supervivencia del superdotado adulto.

El llenar la agenda de interacciones sociales, no significa que el superdotado encuentre intercambio social, ni que las relaciones sociales le beneficien por el mero echo de darse o de incrustarse en su día a día.

Desde la escuela se nos ha inculcado en estos valores de la dependencia de los demás y del respeto a las relaciones del grupo, y a no apuntarnos negativamente con el dedo en el mismo. La socialización del superdotado dentro de sistemas faltos de empatía y que son injustos, lo termina enfermando socialmente y emocionalmente hablando. Bajo la criba de la socialización y de ser sociables en la escuela y en la vida, se pone al superdotado en una de las mayores tensiones y riesgos vitales, el de no contar con afines cognitivos y forzarlo a abismos sociales en los que no encuentra espejo. Se le suicida su emoción y cognición bajo la propuesta de que lo importante es adpatarse al grupo o sociedad y que en la misma, va a encontrar la amistad y el aliento del que necesita para existir.

En muchas ocasiones, el altamente superdotado y el superdotado profundo prefieren aíslarse de la sociedad y concentrarse en sus intereses y aprendizaje autodidacta, para no entrar en una apatía vital perpetua, porque en contra de todo pronóstico, la sociabilidad puede convertirse en un arma de doble filo al no aportarle los pilares de autoimagen y de autoconfirmación que el superdotado también necesita, viéndose inmerso en unas relaciones sociales que no se desplazan del conformismo y que no le aportan alimento alguno.

Nunca se nos ha dicho la verdad, que el superdotado debe y necesita de estas relaciones con iguales cognitivos o de abrazarse a la soledad física para encontrar armonía en sus relaciones consigo mismo, porque si no, entra el superdotado en periodos de depresión existencial al no verse correspondido en su necesidad de buscar el sentido y profundidad de las cosas, y en su lucha contra las injusticias.

Mi necesidad de saber me protege de la falta de curiosidad de los demás, y por eso se aleja de ese cauce y mira hacia dentro.

Es complicado aprender a desatarse de esos roles sociales aprehendidos en el trayecto vital y que te han inducido como verdad absoluta, la de que el ser humano necesita y está necesitado de otros, y si no nos convertimos en seres amorfos y mutilados socialmente.

Con esta edad he entendido que el ser humano necesita de sí mismo y de otros como él, y así el superdotado. Si esto no es posible, es mejor mantener al margen de las relaciones sociales con el entorno y dedicarse a la interpretación de las emociones propias y al aprendizaje autónomo.

Nunca nos contaron, que la superdotación también te hace aprender cómo funciona el ser humano, y que te enseña a decodificarlos y a clasificarlos tras pocos intentos fallo/error y encuentros. La superdotación es una habilidad que nos ayuda a sacar conclusiones y a actuar de la manera más lógica a la resolución de los problemas, y que el problema de las interacciones sociales en desequilibrio es un problema vital que el superdotado también aprende a resolver y lo gestiona volviéndose asocial.

Las relaciones sociales y sus tipologías, al igual que sucede con los conceptos en la escuela y con su aprendizaje, no necesitan de muchas repeticiones en el superdotado para ser entendidas en profundidad.

Self portrait, the lady inside

Un pensamiento en “El adulto superdotado “asocial”

  1. Maria, gracias por compartir estas ideas. Al menos, no me siento desplazado, porque sé que hay personas que como tú ayudan a profundizar sobre el tema de la superdotación. Personalmente, me es dificil tener relaciones sociales; muchas veces, siento que que la gente no está a mi nivel, y me “ofusco”, porque la gente con la que me he relacionado no tienen la misma forma de pensar que yo. He tenido conflictos sociales por profundizar con algunas amistades, y entonces, gente cercana me ha llegado a decir “no profundices, no es necesario”, y esto “me mata”. Es que no soy así, y es lo que la gente no entiende. La amistad la mayoría de las veces la he llevado al extremo, o es amigo o no lo es. Mediastintas no. Un familiar me ha llegado a decir “no tengas tantas empatía por los demás”. Y, esto, no lo puedo evitar. El camino será aceptarme.

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