Sin superdotación NO hay talento

Artículo realizado por Maria Rydkvist en Estocolmo a 6 de diciembre de 2016

Todos los niños superdotados, son considerados niños con talento, pero no así, al revés. Esto es algo difícil de aceptar y de entender, por parte de los padres de los niños talentosos. 

No todos los niños que rinden por encima de la media en sus notas, son un genio y son superdotados, a veces se trata de niños que trabajan y que se esfuerzan mucho, pero esto no los clasifica para ser superdotados, y es por ello, que incluso en numerosos de los programas de ”Gifted & talented” en EEUU, llegado a un cierto nivel, se admiten en estos programas, solamente a los alumnos superdotados, aunque estos no tengan buenas notas, ni presenten buen rendimiento en la escuela, esa es la verdad.

De la existencia de este tipo de criba “natural” en muchos de estos programas educativos, no suele hablarse casi en ningún sitio, y menos aún en España, donde se pretende que el 20% de los alumnos sean superdotados, y de hacer creer a los padres al no explicarles las cosas como son, pues que sus hijos son lo mismo que los superdotados, porque se les dan bien las matemáticas o el inglés en el colegio. Y esto a costa, de incluir a todos los que no son, y no incluir a los superdotados, que son los únicos que realmente lo son, y que están sin atender, porque se pretende hacer una llamada a una atención educativa hacia el talento, que el único recorrido que va a tener, es el de engordar aún más el bolsillo de muchas personas que viven de estas historias de las AACC.

Al publicarse hoy los datos del informe PISA del 2015, me he realizado la siguiente pregunta, si los niveles y la calidad de la escuela han ido bajando sucesivamente en los últimos años, pero el nivel base del superdotado siempre es el mismo a lo largo de las décadas, entonces, si se ha bajado tanto el nivel desde los noventa, con la aparición de la filosofía y escuela inclusiva, ¿cuál es verdaderamente el alumno que ha quedado más desamparado que nunca en la historia de la escuela? Pues la respuesta es simple, con la bajada de nivel y de contenidos en la escuela, el alumno que más lo sufre, es el superdotado. No es de extrañar entonces, la coincidencia con la avalancha de diagnósticos de todo tipo y de TDAH. Si se analizan los datos del informe, veremos incluso que los alumnos de 15 años de Finlandia, le llevan casi un año de adelanto en conocimientos al resto de alumnos de 15 años de los demás países de Europa.

Entonces si además se han rebajado los contenidos y se ha retrasado el momento de presentación de los mismos en la escuela, ¿cómo pretender hablar de altas capacidades, cuando a los que se los ha dejado sin nada que llevarse a la boca es a los superdotados?, y encima, lo solucionamos medicándolos porque no es están quietos en la silla… Es curioso esto de que la bajada de nivel de la escuela inclusiva, se ha llevado por delante lo poco con lo que los superdotados podían alimentarse en la escuela anterior, por culpa de esta malinterpretación pedagógica con fines dogmáticos e igualitaristas, que no equitativos.

De nuevo, existe una gran diferencia entre ser superdotado y ser talentoso. Pero a menudo, los docentes, los educadores y los profesionales en métodos educativos, los ponen juntos, porque quieren hacer creer que la superdotación se trata de un tema educativo y de la escuela exclusivamente, y que sucede entre sus muros, y nunca mencionan que el superdotado primero es niño superdotado, luego pasará a ser adulto superdotado, y finalmente lo será de anciano superdotado, siendo los años de escuela en la primera etapa de la vida, los que menos le aporten identidad como superdotados a estos individuos, en el transcurso de su ciclo y recorrido vital.

El esforzarse y trabajar en una asignatura o materia de la escuela, y tener buen rendimiento, no es sinónimo de ser alumno superdotado, ni hace a los talentosos equivalentes a la superdotación, ya que el superdotado, es aquel individuo, que independientemente de las notas, posee el potencial para llegar a realizar niveles de ejecución notablemente altos, en comparación con otros niños de su misma edad, experiencia o entorno. Es decir, en comparación también con los talentosos de igual edad cronológica.

Es decir, el superdotado cuenta con la capacidad innata en muchas áreas, cuenta con un elevado pensamiento creativo, una elevada capacidad intelectual general, muestra precocidad en su desarrollo psicomotor y posee un elevado razonamiento lógico. Estas cualidades que son rasgos de su personalidad, no pueden ser entrenados ni aprendidos por los niños talentosos, ya que se trata de un modo del ser que les diferencia del resto, en todas las áreas tanto emocional, como cognitivamente.

Afirmar que el superdotado no existe basándose sólamente en la perspectiva educativa y de unos pocos expertos, y que se centra en unos pocos años en la escuela, es una absoluta estupidez y una falacia. Una persona superdotada, jamás sería capaz de afirmar tal insensatez, tomando como punto de partida un ángulo único y deforme, que no permite definir ni comprender al superdotado, en toda su dimensión y complejidad.

El superdotado además posee una rica vida emocional y presenta sobrexcitabilidades desde edades muy tempranas. Cuando se habla de la regla de las 10,000 horas para ser experto en un área o campo, lo que no se explica al detalle, como sucede por ejemplo para llegar a ser maestro de ajedrez, pues es que hay individuos, que para llegar a ese nivel necesitan de miles de horas, y otros, que con cien o doscientas horas, lo consiguen sin más entrenamiento, porque precisamente, la práctica no lo es todo, y hay que fijarse en lo innato. No somos una tabla rasa, ni todos pueden llegar a ser maestros por mucho tiempo que inviertan, si no parten con esa capacidad innata.

Dabrowski además observó, que los individuos más excepcionalmente superdotados y creativos con los que trabajó para sus investigaciones, mostraban mayores niveles de empatía, de sensibilidad, de responsabilidad moral, de auto-reflexión y de autonomía, que la población general. Una de las características más destacables que exhibían estos individuos, era la de niveles avanzados de madurez emocional, dando lugar a la autonomía de pensamiento que definía al superdotado.

Estos individuos experimentaban intensos conflictos interiores, altos niveles de autocrítica, de ansiedad, y la sensación de inferioridad ante sus propios ideales. Dabrowsky afirmaba que estos síntomas eran parte inseparable de la existencia de un mayor nivel de desarrollo, y que la intensidad y la sensibilidad, junto con ciertos niveles de ansiedad, eran rasgos positivos.

El ser capaz de notar no solo nuestras propias reacciones, sino las del entorno, y captar estímulos que el resto no es capaz de percibir, notando y siendo sensible a nuestro hábitat, tanto externo como interno, son los primeros pasos para poder hacer y producir cambios, ya sean individuales, o en nuestro mundo.

Esta necesidad de cambio del mundo que les rodea, y que experimenta continuamente el superdotado, poco o nada se deben al número de horas invertidas en un área para poder ser maestro de la misma, y no son comparables a la experiencia vital del individuo solamente talentoso.

La superdotación se trata de un nivel primigenio al propio sistema educativo y a las clasificaciones de los educadores, siendo un modo de ser polifacético, en lo relativo a la cognición y a la emoción, y que no se puede alcanzar por aquel que no sea superdotado, por muchas horas que se inviertan en esto de la regla de las 10.000 horas y por mucho que se esfuercen.

Dabrowski creía firmemente que estos individuos superdotados, nacen con un nivel más elevado de conciencia para trascender las dificultades de la vida, y que evolucionaban a un estado evolutivo del propio ser humano más sabio y más maduro.

Al final, el levantarse constantemente de la silla en el aula, va a tratarse de un modo de denuncia ante una escuela que ha abandonado a los superdotados a su suerte, ya que al tirar de la manta y de toda la escuela hacia la izquierda de la curva de Gauss, hemos dejado al descubierto y sin techo a los niños que se encuentran por su elevado CI en el lado más extremo (nunca mejor dicho por las condiciones de desamparo a las que son sometidos), de la curva.

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