La intensidad emocional del altamente superdotado

Traducción realizada por Maria Rydkvist en Estocolmo a 14 de enero de 2017 del artículo Intensity – What makes intensely creative, emotional and gifted adults like Steve Jobs prone to troubling relationship issues? by Ariane Benefit (http://arianebenefit.com/blog/2011/11/03/emotional-intensity-creativity-gifted-adults-steve-jobs/)

Me quedé totalmente aturdida de ver a alguien tan conocido y con tanto talento como el autor Steve Johnson decir de Steve Jobs lo siguiente:

“A pesar de todo su odio con sus colegas …Jobs también poseía una línea colaborativa. Era lo suficientemente “egomaníaco ” para pensar de sí mismo como el nuevo John Lennon, pero siempre buscaba un McCartney que le acompañase en el viaje.”

Para mí esto es un ejemplo del tipo de intolerancia social, sesgos e insultos deningrantes de todo tipo, que con frecuencia deben experimentar los individuos que son creativos, intensos emocionalmente y superdotados, tanto adultos como niños, y a lo largo de toda su vida.

Incluso aunque el Sr Johnson está intentando mostrar “la otra cara” de la personalidad compleja de Steve Jobs, eso no le excusa de perpetuar el retrato de Steve como un “odioso egomaníaco”. Esas son palabras poderosamente degradantes y dolorosas para ser usadas por un autor de su clase, aunque se trate de una cita en la que no pretende la difamación o tener un carácter derogatorio. Pero para mí, esas palabras son tan ofensivas como cualquier comentario racista o sexista.

Sí. Steve era emocionalmente intenso. Sí, tenía carácter y ALGUNAS personas se sintieron dañadas por él. Pero era mucho más que eso-y además también contaba con muchos aliados, personas que le apoyaban y que pasaban por alto sus explosiones, al ser parte de su propia intensidad, y a los que les inspiraban su fuerte convicción, no se veían resentidos por su intensa personalidad y adoraban trabajar a su lado.

La intensidad es una forma de neurodiversidad que está mal interpretada, no tolerada y sepultada en nuestra cultura. La intensidad que desarma emocional, intelectual y enérgicamente, puede ser abrumadora para el individuo que no es intenso. Cuando la gente asume que los demás están compartiendo la misma experiencia, del mismo modo, y al mismo nivel de intensidad, es fácil asumir que las personas intensas, simplemente poseen una falta de autocontrol. La realidad se parece más al caso de dos personas que se encuentren en una habitación a 24 grados, dónde una de ellas comienza a sudar y tiene calor, y la otra tiene repelús y se le pone el vello de punta, porque siente frío. La intensidad emocional funciona de un modo parecido.

En nuestra cultura, en lugar de aceptar que algunas personas son de esa manera, los tratamos como enfermedad mental, invalidando la realidad de lo que significa vivir sintiendo así, y lo etiquetamos de defecto. ¿Pero por qué tratamos esta intensidad como algo que debe corregirse y tratarse como si se tratara de un modo de trastorno en sí?

Esta variación en la intensidad es la raíz de muchas de nuestras diferencias, y cuando no entendida, es la causa de malinterpretaciones que pueden dar lugar a una gran frustración, y a que la gente pueda volverse muy abusiva con los otros. Las personas intensas no llegan a ser conscientes de cuánto se diferencia su experiencia sobre la vida de la mayoría de la gente y cuando describen cómo se sienten, el resto no les cree.

Vivimos en una cultura donde la mayoría de la gente evita el conflicto y la confrontación. El conflicto debería verse como una oportunidad para aprender a aceptar diferencias, convertirnos mentalmente más ágiles y flexibles, y menos seguros de nosotros mismos de que siempre llevamos razón.

De vuelta a las palabras del Sr. Johnson, ¿estaba él familiarizado con la literatura sobre entorno a la superdotación y la intensidad?, y si lo estaba, ¿habría realmente utilizado palabras como “egomaníaco” de un modo tan liviano? La intensidad de energía, ímpetu, compasión y frustración, es un aspecto muy documentado y que va de la mano de una inteligencia extraordinaria y empatía. Steve Jobs tenía la suerte de poseer muchas salidas creativas precisamente por su intensidad, pero también pagó un precio elevado por la misma.

Realmente admiro que fuese lo suficientemente fuerte para no dejar que su pasión creativa se viese sometida o silenciada por las personas a su alrededor que no tenían ni idea acerca de cómo convivir o hacer frente, a ese intenso ímpetu por innovar. Afortunadamente, insistió en formarse por su cuenta. Incluso cuando fue despedido de Apple por su intensidad emocional, se negó a darse por vencido convirtiéndose en la fuerza tras Pixar y Toy Story. Hace falta una persona realmente intensa, para retar el status quo y hacer, lo que la gente decía, que no se podía.

No sólo hubo muchos que no le apoyaban, sino también los que de manera activa intentaban anularlo y cambiarlo. ¿Cuánto aguantarías y te mantendrías firme a tu gran idea si todo el mundo a tu alrededor está intentando cambiarla?

 Para mí Steve Jobs exibía un tipo de personalidad adicta al insight o hipersistematizadora. La hipersistematización tiene una base biológica y es la fuerza que se encuentra detrás del tipo de conducta idealista y perfeccionista que presentaba Steve Jobs. Esto no es el perfeccionismo que todos conocemos, se trata de una profunda necesidad de crear algo verdaderamente magnífico ,y no permitir que otros desluzcan estas ideas visionarias con su “pensamiento de grupo”.

A la gente le encanta admirar a los super talentos, pero de puertas a dentro, les resulta todo un reto lidiar con el tipo de intensidad que conlleva el super talento. En numerosas ocasiones y casi sin darse cuenta, se ponen a la defensiva e intentan cambiar a la persona para hacerla “más fácil de sobrellevar”. Intentan hacerle comprometerse a la visión de ellos o a su razón, porque quieren así, que sus ideas sean consideradas, y quieren tener un efecto en el resultado, intencionadamente. Es natural el querer poner tu sello personal en el otro, pero no siempre es lo mejor para la idea en sí o visión. Algunas veces las ideas de otros pueden enriquecer el todo, pero también es cierto, que en muchas ocasiones también pueden embarrarlo y estropearlo todo.

El super-talento también hace su parte de oposición no escuchando este imput de otras personas, reaccionan rechazando el imput que están escuchando y no siempre de la manera más cortés. Pero imagina como te sentirías, si la gente te está dando continuamente consejos o aleccionamientos, que sabes que no son adecuados para tí, y sabes además, que no te han entendido. Ahora además multiplica esa sensación por mil para magnificarla.

Pues eso es lo que los superdotados profundos experimentan la MAYOR parte de sus vidas.

Es desolador, frustrante y desmoralizante. Sentirse profunda y crónicamente malentendido, puede derivar en gran dolor existencial, depresión, enfado, y una sensación total de desconexión y de alienación social.

Las personas como Steve Jobs que tienen la fuerza suficiente para reponerse de lo anterior, una y otra vez, actúan de manera “abrasiva socialmente”, ya que saben es la alternativa para poder ser su propio yo emocional, y saben que el hacerse “menos abrasivos”, les puede llevar a trastornos de la salud, abandono social e incluso al suicidio. Esto puede ayudarnos a que comencemos a ver el problema, desde una perspectiva totalmente diferente.

No hay respuestas fáciles para este dilema, pero el llamarles por nombres de todo tipo, el marginarles, el tratar de hacer que se “conformen”, y el someterles a acoso – ya sea verbal o físico -, ciertamente no ayuda.

El llamar a personas como Steve Jobs que no son “un team player” es algo despectivo y totalmente sesgado. Normalmente se piensa y se acepta, que “no ser un buen miembro de equipo”, es un tipo de defecto de la personalidad y que te hace sinónimo de “intocable” en el aspecto negativo del término. ¿Por qué no decir en su lugar que su fortaleza es la de ser “un independiente o un pensador creativo”?¿Por qué dividimos el mundo en “jugadores en equipo” (los buenos) y los que “no juegan en equipo” (los malos?)? Hay muchísimo más fondo tras todo esto. ¿Quién dice que el ser un buen jugador de equipo es el mejor modo al que todos deberían aspirar y llegar a ser?

Cuando alguien es un “no jugador de equipo”, lo más seguro es que tenga un talento valioso, del que los “jugadores de equipo” carecen. Aprecio el pensamiento más profundo.

 Los grupos, en muchos campos, realizan las peores tomas de decisiones posibles. La mayoría de grandes pensadores, completaron su legado vital en su mayor parte, trabajando por su cuenta, apoyando en ocasiones, y siendo apoyados por otros, recibiendo imputs del trabajo de otros, y organizándose de maneras distintas al mero trabajo en equipo. Al mismo tiempo que retando el sistema en modos que no son aceptables dentro de las normas de grupo.

Estas personas no están diseñadas y no necesitan trabajar en grupos para producir un mejor trabajo. Al igual que los aviones no vuelan en fila uno tras de otro, como sí lo hacen los coches en la carretera, estas personas no están diseñadas para el trabajo en grupos.

Las personas con pensamiento independiente, que cuestionan el entorno y que poseen intensidad emocional, aparecen con menos frecuencia, pero cada parte es valiosa en cada uno de los jugador es, lo haga o no, en equipo. Necesitamos darle su respeto y lugar en sociedad, a las personas que no funcionan bien en esto de los equipos y del pensamiento en grupo.

La sociedad está necesitada del cuestionamiento de este tipo de personas. Sin ellos, aún existiría la exclavitud, o aún no se habría permitido votar a las mujeres. O la explotación infantil no sería un delito. Creo que se entiende. El mantenerse fiel a uno mismo, requiere de una fortaleza interna increíble, el mantenerse firme a las presiones sociales y llegar a expresarte cómo eres, sabiendo que la mayoría preferirían que te guardases tus ideas y tu cuestionamiento, para tí mismo.

El mantenerse fiel a una visión como hizo Steve Jobs es algo inusual. En la mayoría de ocasiones demanda el convertirse en una “persona difícil o incómoda”, incluso cuando tu corazón no quiere serlo. La mayoría de personas que producen un trabajo valioso y rompedor, han sufrido “bullying cognitivo” a lo largo de toda su vida por ser diferentes, a veces de manera intencionada, otras no.

Luego nos preguntamos el por qué las personas creativas y muy inteligentes, sufren de depresión y de ansiedad social. Para mí es algo bastante obvio.

Como Mr Johnson decía en su artículo, Steve Jobs tenía una profunda necesidad de encontrar colaboradores. Esto es parte de la maldición de ser superdotado, la de la gran necesidad de encontrar gente que te entienda, y que no intenten controlarte, a la que no les importe que continues expandiendo tu pensamiento, al tiempo que evolucionas la calidad de tus ideas y del mismo. La búsqueda de una manera de ganarse la vida y de trabajar con personas que no te presionen excesivamente para que tengas que ceder a hacer algo simplemente porque lo manda el manual, en lugar de hacerlo correcto o justamente, es una encrucijada muy dolorosa para el superdotado profundo.

El tipo de soledad y angustia existencial que soportaba el “impaciente Steve Jobs” es algo que la mayoría de la gente no puede llegar a entender. Nuestra sociedad está tan sesgada para ir en contra de las personas que son diferentes y tienen emociones y pasiones intensas, que casi nunca nos questionamos lo de llamarlos a menudo, por todo tipo de nombres y denigrarlos.

Creo que esa es la razón por la que el Sr. Johnson ni si quiera parpadeó al llamar a Steve Jobs un “egomaníaco”. Es tremendamente insultante hacia Steve Jobs y totalmente inadecuado.

La gente como Steve Jobs experimenta gran cantidad de crítica negativa y son infravalorados por profesores, jefes y otros, que buscan el poder controlarlos y que se adapten al conformismo a cualquier precio. La innovación necesita de la ruptura con los convencionalismos, de ahí que incluso muchos genios ,tuvieron que dejar la escuela para dedicarse a lo que realmente les aportó genialidad, lo cual es en cierto modo. algo aterrador en sí, si lo pensamos.

El vivir con el dolor constante de ser malentendido por la mayoría junto con la enorme presión para conformar nuestro pensamiento, nuestros sentimientos y nuestros actos al modo “normal” de la gente, es lo que aniquila toda innovación y creatividad.

Si Steve Jobs hubiera sucumbido “al conformismo” y a lo convencional, siendo un buen “team player” Apple no existiría. Sería otra víctima más del “pensamiento en grupo” que obliga a bajar los estándares y la ambición, para poder hacer un trabajo “lo suficientemente bien hecho”. Hay un tiempo y un lugar, para “las cosas suficientemente bien hechas”, como por ejemplo cuando fregamos el suelo, o hacemos la colada, pero “las cosas suficientemente bien hechas” no nos traen cosas como el Ipad.

La dicotomía de ser “cool” en nuestros días es no tener emociones, ni sentimientos, para parecer centrado, con autocontrol, y no decir algo que pueda ofender o cuestionar a nadie. Pero luego eso sí, se supone que tenemos “que derrochar pasión” sobre lo que nos interesa o en nuestro empleo. No se pueden tener ambas cosas.

 La pasión ES emoción. Ser emocional y el poseer la capacidad de sentir y de ser apasionados, es lo que nos hace humanos. ¿Cuándo se ha convertido el mostrar y sentir nuestras emociones un destino fatal?

Como cultura y sociedad no tenemos ni idea de cómo cultivar y respetar a los individuos excepcionalmente superdotados y creativos, que poseen un fuerte ímpetu emocional y una gran intensidad.

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