El abandono del adolescente superdotado

Artículo realizado por Maria Rydkvist en Estocolmo a 5 de abril de 2017

He comprobado con frecuencia, que cuando se habla de las características y rasgos de los niños superdotados o incluso de las ayudas para su aprendizaje, que la mayoría de fuentes, información y profesionales al respecto, se centran básicamente en primaria y en los primeros años de colegio de estos niños, y que la mayoría de iniciativas o de intervenciones que se recomiendan para padres y docentes parecen ser sólamente útiles entre el tramo de 5 a 11 años de edad. Después, a estos adolescentes superdotados y hasta a sus familias se les abandona en el sistema e incluso en el campo de la superdotación, porque dejan de ser un nicho de mercado y la inversión que requieren para ayudarles de verdad es mayor a los beneficios que sí generan como colectivo en la infancia.

Los programas, talleres, iniciativas o pedagogías con terminologías rimbombantes de algunas escuelas en las que se incluye al alumno o niño superdotado, en realidad están pensadas para que en ellas pueda participar “cualquier niño” que muestre interés en un tema en concreto, o al que sus padres apunten porque opinan que lo que aprende ahí o de ese modo le puede ser útil.

Pero me encuentro muy a menudo con el testimonio de padres de superdotados tanto de niños como de adolescentes, que confiesan que lo pasan mal porque al final no saben cómo hacerlo con sus hijos y están solos y no tienen ayuda, ya que sus hijos se niegan rotundamente a ir a estos encuentros o a realizar este tipo de actividades extracurriculares o talleres, y menos aún cuando son ya más mayores, y comentan una y otra vez de la imposibilidad de guiar el aprendizaje de sus hijos superdotados, hablan de su diferencia con los otros niños que van a estos programas o centros educativos, y que de esa manera no les funciona con ellos, que incluso se sienten mal entre los padres de los otros niños, porque sus hijos son mal vistos o son los que molestan o los raros, y me confirman que aprenden de una manera tan diferente, por su cuenta y autodidacta, y que cuando algo les interesa se inmersan en ello pero eso sí, sin que les dirijan, sin muchas normas exógenas, y que se ven incapaces de llevarlos a rastras a este tipo de iniciativas y que se aburren o se cansan rápido de todo, y cuanto más aún, cuando se van haciendo adolescentes y crecen en autonomía y en capacidad de decision, entonces las cosas cambian aún más.

Compruebo que los adolescentes superdotados por su multitud de intereses y su aprendizaje a saltos cognitivos, no suelen finalmente recibir ayuda alguna en estos canales, ni en los centros educativos, ni en estas pedagogías de palabrería hueca que finalmente “no les sacian cognitiva y emocionalmente hablando”, y que generalmente lo que les suele pasar, es que ya de adolescentes están solos y se les ha abandonado, ya que tanto para los adultos, los colegios o los institutos, terminan apareciendo como alumnos que “no brillan en nada” desde el punto de vista del logro, en parte por esta multicapacidad cognitiva y de talentos que hacen que muestren interés en cosas o en actitudes o hábitats en las que la escuela no puede poner nota, o dónde sus progenitores no entienden qué es lo que hacen o cómo dan vuelo a sus capacidades. Su superdotación deja de ser fácilmente medible en lo académico y entonces desaparecen… pero no sólo del sistema, sino del mapa de la propia atención a los superdotadoos.

He notado por mi empleo como docente y por el desconocimiento que existe sobre los superdotados en la escuela en general, que se está creando una problemática muy específica alrededor de los alumnos adolescentes superdotados y es que existen dos perfiles, el de aquellos adolescentes que de niños han sido detectados como superdotados (casi inexistentes) y los que no. Tanto los que fueron detectados de pequeños como los que no, han cambiado mucho con el tiempo, y han ido cambiando de maestros o incluso varias veces de centro escolar antes de comenzar la ESO (secundaria) o el instituto, y con 12 o 17 años las cosas ya no son como al principio.

Los maestros que en primaria los atendían ocho horas al día ya no están ahí, y los de ahora, “ya no los ven” conforme van pasando los cursos, ya que en caso de que se hubiese realizado la anhelada detección, muchos de los cuidados del inicio se desmantelan cuando el horario se compone de muchas asignaturas y cada una con un profesor diferente y un rendimiento distinto.

La imagen o juicio subjetivo sobre el adolescente superdotado se dificulta cuando se trata de poner sobre la mesa la opinión de nueve docentes diferentes que ven al mismo alumno de manera diferente en sus clases,  y que no se ponen de acuerdo sobre “los talentos del alumno” porque presenta asincronías, o simplemente tienen bajo rendimiento, o no destacan en nada y son alumnos promedios, o presentan problemas que se deben a su condición de superdotados, pero que los docentes interpretan como problemas de conducta o con los contenidos escolares. Este es un entramado muy, pero que muy complejo.

El puzzle para la detección del adolescente superdotado se complica y se hace casi imposible si el alumno no ha sido identificado desde niño, pero la diferencia entre el adolescente que fue detectado con el que no lo ha sido, es casi inexistente en la práctica y ya a estas edades.

Muchos de los padres de los que sí fueron detectados presentan hastío por el sistema tras tantos años intentando ayudar a sus hijos, e incluso ellos mismos cuestionan y dudan de la superdotación de sus hijos adolescentes “porque ya no los ven cómo cuando eran pequeños” y buscan muestras con valor académico de “esa magia” para saber que aún está ahí, ya que las notas no reflejan esta “ansiada realidad” y todos se frustran alrededor de estos adolescentes, que a parte de superdotados, son simplemente eso, adolescentes.

Otros, sólamente desean que sus hijos adolescentes superdotados puedan completar sus estudios lo antes posible y de la manera menos conflictiva, para poder pasar así al siguiente nivel y dejar los años de escuela e instituto tras la espalda y cerrar heridas.

Para poder detectar al adolescente superdotado hay que saber dónde buscar y dónde mirar, y este tipo de “lentes de aumento” no la tienen los docentes que trabajan con estos adolescentes y con sus problemas, porque no los entienden ni interpretan correctamente.

Es por ello, que la mayoría de superdotados llegan a la adolescencia en muchos casos sin haber sido identificados ni en casa ni en el colegio, y ahora la posibilidad es todavía menor, porque se trata de niños que se regulan y “ajustan” con el tiempo, y que no “demuestran precisamente el mayor talento o interés” en las actividades que se han creado para valorar y medir precisamente la superdotación y a los superdotados en el sistema.

Existen canales en los que los superdotados adolescentes despliegan sus habilidades pero que no son valoradas académicamente y es por eso que es muy importante alejarse de esta casilla, para poder ver la superdotación fuera del talento, y entender la superdotación como un modo de ser de estos jóvenes que impregna todas las parcelas de su vida y donde la académica puede ser una de ellas, pero no siempre la principal, y aún menos la única o exclusiva, porque lo de medir al milímetro esto “del talento de los más capaces” es algo que “me chirría más a los oídos” del mismo modo que a otros les supone eso mismo, pero al escuchar la palabra “superdotado”, lo que son las cosas.

Un ejemplo de canal es el caso de los juegos de ordenador o de la presencia y uso de las redes sociales por los adolescentes superdotados. Se nos olvida además, que al adolescente superdotado lo debemos enmarcar en su tiempo y sociedad, y que el modo incluso de valorar sus capacidades estarán enmarcadas por los retos e injusticias que provengan de todos estos canales, no sólamente del académico. La forma de medir “la superdotación” en lo académico exclusivamente, se ha quedado anticuada y de ahí que aún nos sorprenda algún caso de emprendedores que “abandonaron sus estudios en la universidad porque no aprendían lo que necesitaban” y que decidieron llevar a cabo una idea que resuelve una necesidad en la sociedad, a pesar de la oposición de su entorno y familia, y que se trata de personas diferentes, normalmente con gran “drive” e iniciativa, pero por qué aún nos sorprenden estas cosas?

Recuerdo que con la edad de 17 años uno de los retos en los que verdaderamente pude funcionar a mi verdadera capacidad intelectual, fue para poder organizar desde cero (alquiler de local y distribuidores de bebidas y comida incluidos) una fiesta de Nochevieja. Objetivo y reto que no tenía nada que ver con el instituto, el cual que me resultaba una obligación incómoda e incompleta, y en el que tenía grandes conflictos morales y de cuestionamiento, sobre la autoridad y el saber de los adultos que me rodeaban, y esto era lo que más me hacía perder la motivación por estudiar. Desde esta perspectiva ahora entiendo que se trataba de adultos docentes no superdotados, y que los veía al trasluz y así a sus imperfecciones e inseguridades.

Recuerdo cómo en cuestión de dos meses y sin ayuda alguna de las redes sociales al no existir, conseguí a través de” llamadas a puerta fría” y de boca en boca, reunir a más de 700 personas que compraron entradas para la fiesta que organicé y que reunía fondos para una asociación benéfica.

El reto estaba servido, y la finalidad era justa, mis capacidades de liderazgo y rapidez mental entraron en juego a un nivel dónde conseguí convencer para que asistieran a la fiesta, a muchos jóvenes que me sacaban varios años de edad y de paso así sacarles su dinero para una buena causa. Y sí, eso era ser superdotada profunda con 17 años, ya que nadie de mi entorno de amistades hubiese sido capaz de aquella proeza en tan poco tiempo y con tantos hilos que tejer juntos con esa edad, pero un sobresaliente en filosofía, eso, eso sí que lo podía conseguir cualquiera con sólo estudiar un poco, pero esto no, esto sobrepasaba la capacidad de las chicas de mi edad, y de muchos de los chicos mayores que yo en el instituto, y “me ponía” y mucho, intelectualmente hablando. La autosuficiencia y el espíritu de hacer un todo de la nada, me motivaban en mi objetivo de conseguir llegar a la meta con laureles y así fue.

He reflexionado mucho sobre cómo podría ser yo hoy en día con esa edad y con Instagram y snapchat entre mis manos. Me imagino que mi lista de conocidos superaría las 8000 personas y que estaría metida en mil tinglados, con un móvil (que uso en la clase del instituto cuando no me ve el profesor y a todas horas.) y en el que no paran de llegar avisos y notificaciones de todo tipo, y que mi interés “por cambiar el mundo” y hacer cosas en sociedad, no se verían precisamente representados por los contenidos del instituto o el ambiente que este invita como encubadora de mi superdotación. Los profesore “no me verían en el aula”, pero en los pasillos estaría cambiando el mundo a mi modo, mi mundo. Tendría ascendencia entre los míos y entre las cosas que el colectivo de adolescentes da valor, no el de adultoos, ahí el error, de dónde debemos buscar” la magia”, es un ellos y para ellos, no para con nosotros bajo nuestras reglas, se trata de la adolescencia del superdotado, qué creéis que es si no?.

El adolescente superdotado se mueve en muchos lugares, y hay que analizar cada pata por separado para poder realizar conclusiones certeras, los nueve veredictos de los nueve adultos en el aula, de las nueve asignaturas del instituto, poco o nada pueden hacer para montar el puzzle del adolescente superdotado, y por eso veo necesario la existencia de este post y de su distribución, para conocer otras perspectivas reales.

Conozco el caso de “adolescentes superdotados no detectados” que son arrolladores socialmente hablando, y que los docentes saben que tienen un puesto de ascendencia importante entre sus compañeros, pero que llegan tarde a clase, o tienen faltas de asistencia sin justificar, que estudian lo mínimo antes del exámen o improvisan en ese momento y pueden escribir tres folios de una sóla idea y así aprobar, y si notan al docente inseguro… “se lo comen” en el aula delante de los compañeros o pasan directamente de la clase y de atender, y esto molesta al docente, y mucho, y esto es ser un adolescente superdotado, y ahí no van a ver superdotación alguna ni los padres ni los profesores, porque ven un enemigo, hay que domesticar, aunque saben que lo que hace ese alumno cada día, realmente requiere de un “juego muy inteligente” y que se les escapa de las manos delante de sus ojos, sin llegar a saber qué es lo que está realmente sucediendo.

Luego los ves en los pasillos siempre acogiendo bajo su ala a los alumnos refugiados sirios, a modo de guía para que nadie se meta con ellos por ser extranjeros y son sus anfitriones, teniendo “un código moral” que hace temblar al de los prejuicios enraizados y casposos de los propios adultos. Son alumnos que “están al corriente de todo lo que sucede en el Centro” y además son “parte del corrillo”, lo lideran, con los consiguientes quebraderos de cabeza de los docentes y padres. Eso es ser también un adolescente superdotado.

La chica adolescente superdotada puede haber presentado buen rendimiento pero a eso de los 13-14 años sus notas empiezan a bajar y hasta suspende alguna asignatura por primer vez, porque ya se ha dado cuenta de muchos de los roles sociales de los adultos y cuestionan los deberes que no están bien elaborados y que son absurdos, los profesores “que siempre ponen videos en clase para que pase el tiempo”, conocen que el mal profesor de física es sobrino de la de química y que es un enchufado y por eso ya no atienden en sus clases, o que el hacer una oposición es un método ineficaz y que cuela delante de estos jóvenes a literalmente cualquiera, sin idea de la asignatura o de cómo tratar cómo ellos sienten y ven el mundo, porque no les ven y esto les duele y les desmotiva, me refiero a verles desde la emoción, en lo sútil, el cómo son de verdad, en tantas otras cosas que inflan sus pasiones y su curiosidad y que les coronan como superdotados.

Las cuestiones y desengaños del adolescente superdotado llegados a los 13 años son ya muchas y el colegio o el instituto no es ya ese lugar idílico en el que hacían amigos de pequeños, se ha vuelto más injusto y se parece más al mundo real, ese del que los compañeros de igual edad aún no son conscientes, ni en el que aún han despertado, pero ellos sí.

Estos jóvenes superdotados se ven con gran presión por parecerse a los demás en el grupo o por seguir siendo el ojo derecho de sus padres, o por sacar buenas notas para “ser superdotados”, o si desconocen de su superdotación, lo de las notas no es para nada la zanahoria que pone al conejo en marcha, y suelen tener problemas en casa y en el instituto, porque hay muchas más cosas en juego, y todo esto pasa finalmente factura al rendimiento escolar, que es cada vez más difícil de sobrellevar con todo ese mundo de cuestionamientos existenciales y vitales donde a los adultos se los sabe de incompletos, y donde a los afines se les ve como extraños porque no son “tampoco como tú” y no entiendes el por qué, y a estos “Fénix” “ya no se les puede comprar” ni convencer a través de un taller de robótica o con clases de piano o de ajedrez, y su profundidad es inmensa, así como sus necesidades de aprendizaje y Fuertes emociones porque son muy sensitivos, y el despliegue de sus múltiples capacidades requieren de un análisis de su personalidad y rendimiento en cada cosa que elaboran y a otro nivel, porque “ellos siempre son y están como superdotados” en todo lo que hacen, y son superdotados en muchas ocasiones y en “asginaturas vitales” que poseen más peso, reto y crecimiento para su propia condición como superdotados que el mero conocimiento académico tal y cómo se sigue interpretando en la actualidad.

Por eso que desde aquí voto “por el talento de los más volátiles” y ofrezco todo mi apoyo y ayuda al adolescente superdotado.

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