Reflexión sobre el carisma y liderazgo del altamente supedotado

Artículo realizado por Maria Rydkvist en Estocolmo a 28 de abril de 2017

Ayer me preguntó un apreciado y en peligro de extinción afín cognitivo, que cómo había estado últimamente? A lo cual le respondí que se trataba de una pregunta con muchos matices, que bien, pero que a veces sufría de un gran desánimo, y que lo que realmente se me hace cada vez más empinado es el interactuar con el mismo patrón social de comportamiento una y otra vez, y el haber perdido a fecha de hoy toda esperanza por un cambio, al reconocer en este modo de actuar y de ser homogéneo y unicanal al propio individuo en su hábitat natural.

Le comentaba además que “desde fuera de nuestra propia tempestad”, pues que no sabes dónde soltar tu fuerza, ya que es inservible, y que este desencanto real y de lo real, es algo que cada vez me cuesta más manejar según pasan los años y que me va dominando poco a poco.

Una de las cosas de ser una persona superdotada profunda es que las características y rasgos de la personalidad típicos de los superdotados, como bien se dice en inglés, pues están “enhaced” en nosotros, o dicho de otro modo, ”se magnifican” a su máximo nivel, y eso tiene lógicamente unas consecuencias, a veces muy positivas y otras negativas, o hasta destructivas.

Recuerdo un documental realizado por la televisión sueca a mediados de los ochenta donde visitaban “una escuela americana para superdotados”,y donde se entrevistaban con una de las docentes, y que esta les comentaba que “tenían la obligación de dar la oportunidad a estos alumnos superdotados de llegar a desplegar todas sus cualidades de liderazgo natural”, porque los excepcionalmente superdotados contaban con esa fuerza y carisma interior innata, y que junto con una fuerte moralidad y gran sentido de la justicia, que se debían a ayudarles en esta misión de que las mimas fuesen invertidas en beneficio de la humanidad, para “así poder construir una sociedad y un mundo mejor y más justo.”

Recuerdo como el periodista llevaba unos pantalones ajustados de campana color marrón y un jersey de cuello vuelto verde oscuro y cómo se me erizaba el vello ante unas palabras llenas de tanta razón.

A veces me pregunto, que esto de la emocionabilidad y del “carisma natural” de la superdotación en su nivel más alto, que en lugar de aprovecharse como cualidades al servicio y beneficio de la humanidad, lo que producen en el individuo promedio es normalmente miedo y rechazo, cuando no inseguridad.

En otro documental sobre un conocido director de cine, se hacía referencia a la palabra “infectious” (infeccioso) en inglés al hablar del efecto que su presencia causaba en el grupo.

Este tema del “carisma” o intensidad natural y “arrolladora” del altamente superdotado, ha pasado a almacenarse en una vieja estantería donde coge polvo desde hace décadas, al igual que la cinta original de ese documental de mala calidad, ya que en nuestros tiempos se trata de algo que está hasta mal visto o que resulta ofensivo porque puede ser hasta origen de confrontaciones en el grupo social, que tanto se temen y se evitan en nuestros días.

Luego llegaron los años noventa y las nuevas teorías pedagógicas sobre cómo todos debemos ser útiles y llegar a la misma meta común, aunque sin reconocer que esto muchas veces, se ha venido haciendo a costa del desuso y abandono de las cualidades de unos pocos alumnos excepcionalmente superdotados, que se han guardado en un cajón desastre al igual que esa cinta de video que os comento más arriba.

Estos cambios de valores tras los noventa, han producido un giro social que ahora muchos añoran, ya que se desea potenciar y retener el liderazgo y al individuo con liderazgo, pero nadie saben dónde están, ni se entiende que las emociones que conlleva el líder natural, son muchas veces innnatas en base a una muy elevada inteligencia. Esto que se busca pero no llega, el liderazgo natural, ha sido un tema nada interesante para la mayoría de individuos de nuestros días, y para una generación de docentes y profesionales, que dejaron de apreciar e incentivar esta cualidad en sus propios alumnos e hijos, viéndola en su lugar como una amenaza social, cuándo no cómo una falta de acato a la autoridad, y luego dicen que quieren encontrar “Change makers”.

Se pueden encontrar artículos y estudios interesantes de los ochenta sobre el tema del liderazgo, el carisma y la intensidad emocional, y de esta personalidad natural que poseen las personas más inteligentes, pero hoy parece ser que nos hemos educado en una sociedad que nos ha hecho creer que todo puede ser aprendido con sólo intentarlo, hasta el liderazgo.

Algo que muchos no entienden y que va de mano de la alta superdotación, es realmente esto del liderazgo natural desde un punto de vista hasta de la empatía que es necesaria, y que posee el altamente superdotado. El ser capaz de poder leer los más mínimos códigos o matices sociales que nos hacen entender la interpretación más entrevesada y difícil del entorno, el intuir las dificultades del otro antes incluso, de que el mismo sea consciente de su condición, se trata de cosas que ya no están en voga, ni parecen ser necesarias, aunque hagan más falta que nunca.

El ponerse en ese lugar no ya de un tercero, sino del grupo, y priorizar siempre desde lo mejor para el mismo, siempre por encima de la causística personal, porque la propia causa del grupo es mayor que uno mismo, o incluso que ese tercero, y porque nos debemos a ella en corazón y alma, es algo que a día de hoy no se interpreta como sinónimo de liderazgo, ni de líder natural, la persona con estas cualidades se ha vuelto un”individuo difícil” en Sociedad.

Hoy se ha entendido y extendido un liderazgo empaquetado de escuela, que tiene más que ver con ese líder de empresa o jefe corporativo, pero que poco o nada se parece a líderes excepcionalmente superdotados, como es el caso de Mandela, aquel estudiante de bellas artes, que de manera autodidacta se defendió a sí mismo ante los tribunales aprendiendo derecho por su cuenta, y que entendía del poco valor de sus propias necesidades individuales cuando se trataba de la defensa de los derechos humanos y la igualdad de los cuidadanos en sociedad, independiente de su color de piel o procedencia.

Un paréntesis a esta prioridad del grupo y su beneficio, típica del superdotado sobre el beneficio personal, es la incompatibilidad de poder promulgarse cómo superdotado siendo al mismo tiempo una persona racista, y con prejuicios ante diversas minorías o grupos sociales, porque no hay ejemplo más claro de no ser superdotado que no ser capaz de ponerse en lugar del otro desde un análisis complejo y holístico.

Ser superdotado es “sentir de manera magnificada el bien del otro”, y sentirse responsable de que el otro se encuentre bien, alejándose de interpretaciones o enjuiciamientos particulares que son sólamente lastres y prejuicios ante el verdadero crecimiento personal, y son el antónimo del individuo altamente superdotado.

He visto mucho bullying por parte de adultos que dicen ser superdotados al colectivo musulmán saltando a la ligera bajo los dientes devoradores de ese maldito populismo que los recome por dentro y así a la Sociedad de nuestros días, y la verdad es que siento lástima y pena, porque el superdotado de verdad no es así, y “trae de serie” ese liderazgo natural que le aporta un papel de responsabilidad absoluta sobre la propia humanidad, y sobre el desarrollo de sus propias acciones y toma de decisiones en el transcurso de la misma, adquiriendo una “obligaciones morales”, las cuáles, están por encima de esa marea sucia de ver y juzgar al otro, desde nuestra propia suciedad o imperfección.

Y volviendo a eso del carisma que rodea al altamente superdotado por su rapidez en el lenguaje, en la concatenación de las ideas, en entender los detalles, en leer el rostro del otro y poder anticiparse a sus más íntimas necesidades gracias a esta habilidad o “don” (gifted), con su mirada intensa e innata curiosidad desbordante, pues que ante todo pronóstico, se convierten en la fuente principal de su desánimo y de su gran falta de motivación vital.

Vivir en una continua tempestad llena de fuerza, de pasión y tener que estar saliendo al exterior disfrazado como una nube cualquiera, es una condena que no le deseo al peor de mis enemigos.

Esa belleza de una inocencia convertida en pura explosión cognitiva si se dan las condiciones adecuadas, de tormenta perfecta y sanadora, donde a lo más mínimo que nos mueva algo el corazón, somos capaces de darlo todo, hasta nuestra última gota de sangre, siendo esto una condición que asusta al mundo y que el mismo rechaza y juzga.

Las personas como yo, nacemos tempestad, pero morimos lluvia. Los niños excepcionalmente superdotados nacen intensos, líderes, inconformistas, pasionales y mueren barro, arrastrados por el propio barro a su paso.

El carisma es la fuerza que nos hace poder salir victoriosos en muchas situaciones, ese ímpetu que “deja sin aliento” a las personas con las que compartimos habitación, pero que se puede convertir y en pocos segundos, en nuestra peor arma, porque el resto no vive en esa emoción, no la siente ni la entiende, ni así sus palabras, no respiran en sus valores y no son capaces de morir por sus ideas y por hacer lo justo y lo correcto, haciéndonos siempre creer que es nuestra manera de ver el mundo la que está equivocada.

Hoy vi un video en facebook donde un mapache bebía leche sin parar de un cuenco introduciendo literalmente “toda la cabeza en el mismo”, y saliendo sólo para respirar al rato y entre “zambullida” y “zambullida” con la cara empapada de leche, para poder así recuperar el mínimo aliento necesario que le permita “seguir engullendo”. El mensaje de este video: “cuando necesitas más comer, que respirar”.

Ese mapache hambriento que sumerje su cabeza al completo en la leche sin respirar y durante muchos segundos, es cómo se siente el altamente superdotado cuando ve un pequeño hueco para poder dar alimento a su tempestad interior, desea engullir el espacio del mismo, pero el mundo le dice, que se equivoca, y que debe respirar más a menudo mientras come, y que “las inmersiones en cuerpo y alma” en las propias cosas, en las emociones, en las luchas personales, en la responsabilidad social o por el bien del grupo, que deben ser menos intensas y “más cometidas”, sin aspavientos ni sorpresas de última hora, y que si no hace esto, morirá de hambre, porque no es políticamente correcto y le apartarán el cuenco de leche…

Hoy nuevamente y como en muchas otras ocasiones “brillé” en esa habitación en compañía de otros, veía sus rostros sorprendidos y hasta oía el sonido de las flautas de las sirenas que movían sus mechones de bello pelo dorado al compás de la luz del ocaso, uno a uno iban cayendo rendidas a mis brazos, hasta que alguien no pudo contenerse, cómo ya ha pasado tantas veces antes, y me reconoce en público que es abrumador, que poseo una personalidad arrolladora, que llené de fuerza la habitación y al público, y soy consciente de que los hice soñar con la visión y emoción de mis seguras palabras durante un instante, pero me descuidé al sentirme cómoda y mostrarme como soy sin máscaras, porque hoy se me olvidó “vestirme de nube”, y entonces la tempestad salió desde dentro, empujando fuerte, pero se que es traidora tarde o temprano, porque tras “ese hechizo momentáneo y etéreo”, llegan las comparaciones y el control del autoconcepto y de la autoimagen personal, y es cuando entonces ellos se miran y despiertan, y ya no quieren oir más flautas de bellas sirenas porque les da miedo esa melodía que no controlan y que les hace parecer menos músicos ante los ojos de los demás que no los míos, y aparecen las rencillas, la envidia y el “deseo de ganar una lucha personal” ante una tempestad desnuda, pacífica, y sin tan si quiera una nube tras la que poder ocultarse.

Y es entonces cuando sobresaliste tanto hablando desde la pasión y desde tu cabeza moral, que causaste un gélido silencio a tu alrededor, y notas que achantas la sed del otro, y se ven pequeños, e indefensos ante ese carisma que les rodea y no entienden, pero al mismo tiempo que les abruma, también les envenena, y el efecto “de ese don” es siempre impredecible, subiendo como la espuma en algunas ocasiones y elevándote con ella, o desapareciendo con la misma ante la llegada de una nueva ola que la cubre y sepulta.

“Cómo has estado?” Como siempre, llena de tanto y obligándome a aparecer vacía hacia fuera.

“Magnificarse de manera natural” es un veneno mortal en la sociedad posmodernista del S-XXI donde la falta de liderazgo y de responsabilidad generalizada del individuo actual, hace que aquellos que saben entender lo que de verdad es mejor para todos, sean los que deben apagar sus emociones, sus pensamientos, extinguirse, y deberse a una versión “mindfullness” de su propio ser, donde sólamente se es en la corriente, sin espuma, sin tormenta y cuánto menos sin emociones.

Ser demasiado en todo, o demasiado buenos, o demasiado trabajadores, o demasiado competentes, saber demasidado, o ser demasiado líderes, o querer demasiado, o amar demasiado, o sentir demasiada pasión en todo y por todos, y “preferir seguir comiendo sin respirar para saciar la sed”, es ser alguien que no puede ser hoy en día y para el que nunca habrá sitio si no se introducen nuevos cambios en la sociedad que faciliten la integración cognitiva y emocional de los altamente superdotados en el mundo.

El éxito personal del altamente superdotado en la sociedad actual, depende de su capacidad de gestión para seguir “siendo y viviendo sólo cómo simple nube”, y ocultando la tempestad innata, el carisma, el liderazgo y la intensidad de nacer y saberse oleaje, algunos triunfan, los pocos, pero los muchos y más emocionalmente voraces, simplemente pierden toda esperanza del rugir de sus entrañas y se diluyen a la espera de que vengan tiempos mejores o de que el tiempo se agote o les agote.

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