De la buhardilla al ático del superdotado

Artículo realizado por Maria Rydkvist en Estocolmo a 9 de agosto de 2017

“Desde entonces mi obsesión fue comenzar de nuevo pintando las cosas tal y como yo las veía, con mi propio ojo y nada más” Frida Kahlo.

La pintura blanca de la foto que encabeza este artículo intenta ocultar un mensaje subliminal, tal vez obsceno o incluso disidente y que ha sido dirigido hacia la sociedad civil.

La pintura blanca aparece cubriendo un color azul, original y más bello, y del que ya no se desea que deje más huella en el paisaje, marcado éste por los contornos de un graffitti provocador y ahora ciego del que sigue siendo evidente su existencia y reciente actividad que aún casi se aprecia en continua ebullición.

Al superdotado siempre se le termina “pintando encima” para que no se pasee con su color propio, y siempre se le define como lo que no es, o como lo que es conveniente para este o para aquel otro experto, político, profesional o qué sé yo. La cuestión es que lo han convertido en un dogma más al que se le desgarra de su rebeldía y de su personalidad.

El individuo superdotado distorsiona el paisaje y estresa el hábitat, además en esta marea de sinsentidos, reflexiona constantemente lo siguiente cuando se le niega o se le define a capricho y según la moda social, política o cultural del momento, ante una cabalgata de expertos y de académicos de todo tipo que siguen sin ver su luz y dicen saber la verdad:

“…si se diesen cuenta de que nos damos cuenta de todas las tonterías que dicen de nosotros y de que realmente nos aparecen como verdaderos necios…realmente piensan que ciertamente podemos serles clientes, pacientes, alumnos, colegas, o público comprometido, pues entiendo yo, que si de verdad fuesen conscientes de lo mucho que vemos y conocemos de cada milímetro de su rostro donde se nos muestran totalmente indefensos, y del contenido de cada letra que espiran sus labios en sus discursos del que ya conocemos de antemano la siguiente sílaba, y precisamente por esto de que “sí somos superdotados”, pues que entiendo que “ninguno de ellos y de ellas” se atrevería jamás a seguir en este juego de falacias, ya que serían verdaderamente conscientes del ridículo que hacen ante las personas extremadamente inteligentes, y que todos, pero absolutamente todos, tanto charlatanes como vendedores de humo, terminarían por colgar sus hábitos y cerrar sus libros para siempre, y se dedicarían a otra cosa, dejando al superdotado las cosas y las causas que pertenecen a los superdotados.Entiendo que no podría ser de otro modo.”

En la conciencia está siempre la línea divisoria y es a su vez la flecha que los abate ante nuestros ojos y nos confirma una vez más de la existencia de “un nosotros y un ellos” y que nos separa eternamente.

Es el atrevimiento del necio la enfermedad milenaria de la historia de la humanidad que siempre cubre de insuso blanco aquello que no entiende o que se le escapa al entendimiento, mientras unos pocos, muy pocos individuos, adolecen de su lucidez y siempre han entendido todo, hasta de su incomprensión.

Y aquí comienza mi otra parte del relato, la de la altura de un ascensor en un “rascacielos mental” y que hoy comparto a mi capricho para que el que desee entienda algo más, y el que siga haciendo el indio sepa que los vemos a la legua y desde arriba.

Al igual que las palabras que pronunciaba Frida Kahlo, paso a pintar mi historia como superdotada con los colores y matices que ven mis ojos y mis emociones, sin intermediarios.

Besos…..

Gustave Eiffel, ingeniero y arquitecto creador de la Torre Eiffel edificada para la exposición universal de 1889, decidió crear un pequeño apartamento en lo más alto de la misma a 300 metros del suelo. En esta pequeña habitación pasaba gran parte de su tiempo en aislamiento ya que le ayudaba a relajarse. Os podéis imaginar esa sensación de “vértigo intelectual” al verse alejado de la sociedad y pudiendo encontrar un lugar para el recogimiento espiritual y del pensamiento del que tanto necesitaba.

Pues a modo de símil la superdotación tiene su propio ático, un lugar que denominaría “buhardilla cognitiva” al que se accede a capricho y a modo de botón de ascensor que se pulsa a gusto y conveniencia del superdotado y que nos lanza a lo más alto del rascacielos.

Esta “función de catapulta”, es una función de la que los superdotados conocemos muy bien su funcionamiento, venga, no nos engañemos,… que no somos tan inocentes como aparentamos ser…siempre que se quiere, se puede,…se presiona el botón, y ¡Pum! ¡ejecutamos!, nunca falla. Sabéis que tenemos truco.

Sonrisa…

Si bien es cierto que la superdotación es innata al individuo superdotado y que entre otras cosas nos produce sobrexcitabilidades a los estímulos de todo tipo, con las reacciones que esto conlleva tanto emocionales como cognitivamente hablando, tratándose la superdotación de un estado ampliado de la conciencia, y si que es cierto, que aunque “la superdotación no se puede apagar nunca” y nos perfila en nuestra personalidad y en nuestro diario, pues que existe otra característica intrínseca a la misma, y es que ésta “se puede poner en marcha a distintas alturas y velocidades” según antojo del individuo superdotado.

Esa es la verdad de la que nunca hablamos los superdotados ni confesamos ante los demás, pero sabemos que pasa así, aunque hay que vivirlo para entenderlo, ¿a que sí?

Consciente…

Cuando salgo a pasear o realizo alguna lectura o estudio de algún tema, puedo mirar o leer sólo como superdotada, o puedo pasar a “activar mi superdotación” directamente. Estos son dos estados diferenciados tratándose de dos modos diferentes de actuación, de conciencia y hasta de percepción de los estímulos. Podemos aumentar la intensidad de superdotación con la que interpretamos una información determinada, a veces esto depende en gran medida del propio estado de ánimo, pero activando la superdotación entramos en un estado de gran equilibrio que es bastante sanador y necesario.

Es decir, a petición puedo “pulsar el botón de mi ascensor para subir a 300 metros en 1 segundo por encima de mi altura normal”, haciendo que la apreciación de luces, matices, colores, olores, sonidos y hasta imágenes que perciben mis sentidos, se procesen de manera compleja y se conviertan en un verdadero placer o juego recreativo y catalizador de una enorme capacidad productiva, y que llega aumentar incluso y de manera física, mi propia secrección salivar y acelera las palpitaciones de mi corazón.

Del mismo modo al concentrarme activando mi superdotación a voluntad, aprecio el contenido y el detalle más insignificante de todo lo que observo o percibo, pues puedo incluso entrar en un estado continuado de “arousal” por la intensidad en la percepción e introspección de lo que estoy procesando cognitiva y sensorialmente, que me lleva a mantener el vello erizado de brazos y piernas durante largos periodos de tiempo, y durante ese estado de activación voluntaria de la superdotación, se produce en mi ser una conjunción del pensamiento y de la emoción simultánea a esos 300 metros de altura tan valiosos y que dan lugar a un nivel de conciencia excepcional.

Como Frida, me da igual lo que digan y piensen de mi, y pinto desde años con mi propio ojo interior, pero si que es cierto que el superdotado tiene ciertos “super-poderes” que puede poner en modo “on” y “off” según se le antoje en los distintos momentos del día, de eso no tengo la menor duda, y de que de este “secreto” no solemos hablar los superdotados porque nos pueden acusar de arrogantes, mesiánicos , soberbios y vernos en instantes completamente aislados e incomprendidos por el grupo o sociedad, pero “nosotros”, los de casa, no nos culpamos por saber elevarnos, y sabemos de esa capacidad magistral con tan sólo quererlo, y que siempre nos eleva a la planta más alta del rascacielos, de esos que diseñamos en nuestros pensamientos. No se trata de castillos de naipes, sino de construcciones reales y experiencias bellamente enriquecedoras.

Saber volar…

Podría definirlo como que nuestro ascensor se detiene normalmente en la planta 75 de un edificio de 100 plantas. En el mismo también se encuentran nuestros vecinos más cercanos que se bajan siempre en la planta 50, planta a la que bajamos de visita en muchas ocasiones y en la que siempre sentimos como nuestra polea se encuentra tensada y forzada porque nos impulsa involuntariamente para arriba.

Mantenerse en la planta 50 es un ejercicio de riesgo que requiere de verdadero esfuerzo y sacrificio, a veces lo realizamos en contra de nuestra propia salud y voluntad, produciendonos severas secuelas de por vida hasta en nuestra autoestima, y todo por no catapultarnos hacia la planta correcta de nuestra superdotación intelectual, siendo esto encargo de nuestra responsabilidad y de nadie más, el ascenso natural.

Si tenemos ante nosotros un reto, siempre podemos “pulsar nuestro botón del ascensor” y tomar impulso de manera voluntaria, por lo que la superdotación es una fenomenología que encierra enigmas en su modo de engranaje en el individuo superdotado, y que se convierte en algo imposible de imaginar y aún menos de descifrar para el no sobredotado.

Cuando miras al cielo ¿cómo lo haces? ¿Puedes “darle al botón del ascensor” y pasar a ver de manera instantánea los perfiles y dirección de las nubes, el número exacto de pájaros dentro de tu campo de visión o percibir un número bastante molesto de insectos que hace un segundo no existían ante tí?

¿Imaginas lo que es poder enfocarse y conectarse a la superdotación a capricho para ampliar la cantidad de información que necesitas y que la producción creativa e intelectual entre en un formato que puede ser dirigido a voluntad desde una altura de 300 metros?

Continua…

Esto de “darle al botón del ascensor” para elevarse, es algo que sólo lo entendemos los que somos de verdad, y no los que se dedican a predicar sobre los de nuestra especie.

Si supieran de la cantidad de luz que existe en esta nuestra buhardilla mental desde el piso 100 y a 300 metros del suelo, silenciarían su voz. Pero desde arriba hay soledad, mucha, la altura tiene sus riesgos, pero son necesarios para crecer.

Si supieran que desde la soledad camarada y cálida de nuestro ático se aprecian a lo lejos como pequeñas partículas aglomeradas en la planta 50 que han aprendido a organizarse para que nadie pueda subir al ático, taponando todas las puertas de acceso al mismo.

Ignorantes….

Si supieran que no pueden conseguirlo, y que siempre podemos viajar sin ellos y sin su aprobación porque contamos con robustas “lianas cognitivas” capaces de trepar hasta la planta 100 cuando nos de la real gana, mientras nos aderezan una y otra vez en esa espesa capa de pintura blanca que pretende controlar la cantidad de vértigo al que desean someternos.

Jodidos necios.

casa

 

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