“Me llaman maricón y no saben lo que soy” El hombre superdotado

Artículo realizado por Maria Rydkvist y José Manuel Serrano Díaz en Estocolmo a 13 de diciembre de 2018

”Me llaman maricón y no saben lo que soy. Yo soy superdotado.”  (Hombre homosexual y superdotado de mediana edad)

Rumiábamos desde hace tiempo la idea de poder realizar un hilo en el blog a modo de “oda y alabanza digital”, dedicado sólo y exclusivamente a los hombres superdotados.

Para ello se ha hecho uso de los diversos testimonios, reflexiones y confesiones obtenidos en el trato con varios hombres superdotados, de diferente edad, condición ecónomica y social, con identidades de género diferentes, pero con igual sexo biológico.

Todo ello en un intento por sustantivizar lo incorpóreo de la condición de estos hombres superdotados y con el objetivo de destilar la posible lírica de su estructura y enrevesada composición. Pero qué es ser un hombre superdotado?

”Es la sensación de ser un alien en el mundo que no entiendo, y que no me entiende, y en el  que quiero encajar, aunque se que en el fondo eso nunca será posible, y la otra es la frustración al tratar de explicar cómo soy, cómo funciono,… es como tratar de explicar a un ciego qué son los colores, y nadie adivina mi parte sensible y la necesidad que tengo de ser comprendido” (Hombre heterosexual y altamente superdotado en la cuarentena)

Parece existir un modelo bastante homogéneo de hombre superdotado en base a un recelo unánime a todo aquello que sea sinónimo de evidente y rasa hombría y virilidad.

“Es una forma cerrada y osmótica, que no ve huellas que pueda pisar sin deformarlas. Es no hallar formato para expresar aquello que tiene forma dentro de tí. ” (Hombre homosexual y altamente superdotado cercano a la treintena).

Basar la inteligencia en el mito del “hombre genio”, en la inteligencia como sinónimo de masculinidad se muestra como un verdadero desajuste a la realidad y profundidad que las palabras de estos hombres superdotados manifiestan. Sería una osadía afirmar que existe el mismo modelo de varón en los hombres superdotados que en el resto de hombres. El adulto superdotado homosexual o heterosexual se muestran análogos e idénticos entre sí, mientras las diferencias con el resto de hombres heterosexuales y homosexuales se asemejan un abismo. Como algo ininteligible. Todo se interconvierte. El protón en antiprotón. La cordura en locura. Lo armónico en lo estridente. Pero nunca nada es nada.

Contemplemos más ejemplos de lo que significa ser un hombre superdotado para estos hombres:

”Es como si en tu ser cada parte del mundo encontrase un lugar, aunque nunca es estático ni tiene el mismo olor. Es una edad sin número, donde cada momento a lo largo del día puede identificarte a un periodo vital”. (Hombre homosexual y altamente superdotado cercano a la treintena).

Ahora una decripción breve, pero de brutal impacto.

”Somos diferentes a todos, pero iguales a nosotros. Somos unos putos intensos” (Hombre heterosexual y superdotado profundo en la cuarentena).

La casi zafiedad de estas pocas palabras, distan cuantiosamente de la pomposidad en el razonamiento del mito del “hombre genio”. La precisión y la capacidad de síntesis en un “ir al grano” sin rodeos, es lo que hace que el superdotado sea un incordio para los demás y dentro del grupo. Si se preguntase por la calle a modo de encuesta a los viandantes que identificasen la palabra inteligencia con un adjetivo, nadie contestaría con las palabras “incordio o fastidio” e incluso “audiencia hostil”.

“A veces me vuelvo obstinado y rebelde porque me resisto a hacer las cosas porque alguien lo ordena si yo no estoy de acuerdo. También he tenido
problemas con compañeros que se han sentido amenazados por mí (yo no lo
he pretendido en ningún momento), y que han tratado de boicotear mi
trabajo y mis iniciativas sólo porque ellos no estaban dispuestos a
hacer el esfuerzo para salir de su zona de confort.” (Hombre heterosexual y altamente superdotado en la cuarentena)

Pero es que el hombre superdotado vive en continua asincronía con el resto de hombres y su intensidad e ímpetu le delata en negativo, lo deja solo.

“Asincronía, porque te mueves a una velocidad mayor que la de otros hombres.
No vas al mismo ritmo. Tienes más intereses, más ganas de hacer cosas
nuevas, más compromiso. Siempre estás buscando una vuelta más, siempre
un poco más, en distintos ámbitos. Esta intensidad puede llegar a ser agotadora, o abrumadora para los demás. La consecuencia es su frustración y tu soledad.” (Hombre heterosexual y altamente superdotado en la cuarentena)

Esta característica hace que el hombre superdotado y la mujer superdotada sean semejantes. Es la propia superdotación las que los disgrega y segrega de las otras personas, del resto, la que los deja siempre solos, apartados.

“El silencio de la soledad es interrumpido por la valentia de volver a empezar siempre de cero. De nuevo estamos siempre aquí.” (Hombre superdotado profundo)

La superdotación se muestra como una magnitud y materia intrínseca y prioritaria por sí misma en el ser de las personas superdotadas que les hace manifestarse como tales y les convierte en almas exactas. Los comentarios de estos hombres superdotados hablan de una condición separada, que les dicta y lleva a buscar de manera perpetua, la búsqueda de conexiones con los demás en base exclusiva y únicamente a la necesidad hambrienta y desvalida de sentirse comprendidos y encontar semejantes.

“Desnutrida, la inteligencia se vuelve como el ombligo abombado de un niño hambriento: inflamada, y llena de nada de lo que el cuerpo pueda hacer uso.”

La superdotación define al hombre superdotado como un entero que se conforma en posesión y ración:

-De una parte sensual y femenina.

“El hombre SD posee una feminidad que le dota de fortaleza. El arte, lo moral, el mundo de las ideas, concatena con la fortaleza de un alma femenina. Tienen algo misterioso que da miedo.”

-de su porción de homosexualidad,

“El hombre SD prefiere relacionarse con almas feminizadas. Como hubiesen dicho Leonardo, Warhol y Amiel, ese Eterno Femenino que relaciona la belleza universal del mundo onírico de las mujeres.”

-de su fracción de masculinidad, de su pieza de sexualidad de gran delicadeza, de sus pedazos de furia en la emoción, y sobre todo, de una desbordante intensidad.

Para que disimular, cuando se puede ser irreverente?

El mérito es estar “fuera de la serie”, cuando lo seriado supone una categoría simétrica de simplificación, de uniformidad, de “dopar” la realidad. La pura realidad solo puede salir de los ojos de un alma límpida, cristalina, opaca al egoismo interior y gregario, ese egoismo que ha sido socializado durante siglos. El hombre SD se sumerge en la zona hospedada por lo inhóspito, sin frontera, sin dominio reglado por el inconsciente colectivo.

Entonces el hombre superdotado, de quién o qué está necesitado? De otros hombres, de otras mujeres, de individuos afines en emoción y cognición? La lucha entre el hombre y la bestia. Dónde están los límites de lo observado? Dónde está el límite entre lo que es hombre y mujer? Todo se intercambia, pero al final ni el hombre SD es hombre ni la mujer SD es mujer. Ambos carácteres interdependen entre sí.

“A pesar del título, decir que no existe un hombre SD como tal. Porque el hombre SD sale del esquema de lo que se supone se clasifica en grupos. Para mi sería el “elemento identidad” que se aplica en “teoría de grupos”, según la cual el elemento al que se le aplica la aplicación permanece tal cual. Es decir, al Hombre SD, tal y como veo en la mujer SD, no le afecta a sus propiedades internas (su pneuma interior) el mundo exterior. Inmutable hacia lo de fuera, mutable hacia lo de dentro”. (Adulto superdotado profundo)

Es la superdotación la que embarga e impregna al individuo y la que le hace ser superdotado. La superdotación se sitúa en un nivel superior y por encima de la propia indentidad de género. Sabe buscar fuera de ella y de sus constructos sociales, es una conciencia separada y elevada de lo que se entiende por significado de ser hombre o mujer. La superdotación es libre de prejuicios y se mueve y alimenta bajo el objetivo casi único y obsesivo de encontrar a otros donde uno pueda verse comprendido y reflejado. Ordena el mundo desde la cima. Lo que jamás puede ser ordenado es interiorizado como algo necesario. Es nuestro sillón de poder. El poder reside en saber que el prejuicio no nos domina como vasallos de la irreal realidad terrena.

La regla de no haber prejuicio, es aplicada como máxima.

Imperativo categórico ante una razón cargada. Emana de él una sensación exacerbada de experiencia, concupiscente, veleidosa, precisamente cuando nace un instante en el que ya ha muerto el anterior suspiro. Para que ser hombre pudiendo no serlo? Para que incrustarse en ideas prefijadas de otros? La superdotación rompió los géneros, los roles, el inconsciente colectivo. Un universo propio. Un campo de Higgs que solo afecta a ciertas almas señaladas por la irreverencia de la inteligencia. Definir lo indefinible.

Finalmente, qué es la superdotación? Es la voz que nos persigue. Un mar que golpea las sienes. Calma intensa que quiere acabar descansando, pero intuye que el final siempre es el principio de una nueva indeterminación. Hablando entre sueños. Al final la luz es tan solo luz

“Los superdotados son hombres, son mujeres, son bisexuales, son gays, son lesbianas, son transgénero. Lo son todo y nada. La gente no tienen ni puta idea de lo que somos. Pero somos superdotados. Dragones cognitivos que de todo se alimentan” (Mujer superdotada profunda)

 

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