El arte de contemplar moscas y el superdotado

Artículo realizado por Maria Rydkvist a 16 de diciembre de 2018

[…] Eso lo hacía antes porque adoro las moscas. No las moscas sucias que se posan en los rostros de los borrachos. Esas las detesto. Amo las moscas que revolotean alrededor de los árboles de mi tierra. Algo sublime era cuando pintaba en el campo mientras escuchaba por la radio las informaciones del Tour de Francia. Yo me ponía miel en la comisura de los labios y cada cierto tiempo podía atrapar una mosca y escuchar su bzzzzzzzzzzzz. Después la soltaba. (Salvador Dalí)

Hoy es 16 de diciembre y las moscas se marcharon de Estocolmo hace muchas semanas. Mi último avistamiento se produjo, a ver que piense, pues es curioso, se trata de una mosca diminuta que detecté en la zona de las patatas y verduras del supermercado donde suelo hacer la compra.

Ayer me llegó un aviso al móvil, una celebración de la Fiesta de Pentecostés, que hacía exactamente diez años desde que me abrí mi cuenta de miembro en Facebook allá por el 15 de diciembre de 2008. Pero miembro de qué?

El 8 de febrero de 2008 se podía leer en El Mundo exactamente este titular:

Facebook lanza la versión en español”.

Esa mujer de entonces era tan sólo una larva de la mujer que soy hoy. Como le pasa a las larvas de las moscas en estas latitudes durante el invierno, que se esconden hasta llegar a su metamorfosis con el calor primaveral. Yo tenía por entonces 31 años.

Luego han pasado miles de cosas, la vida que se hinfla y se desinfla como las mejillas de un sapo. Hablando de sapos, las redes sociales están llenas de ellos, y son tediosos y tan predecibles para una personas superdotada, porque los vemos desnudos, sin ropa interior, vacíos, pero son estos sapos malolientes los que han hecho de las plataformas y redes sociales un lugar inapestable del que salir corriendo, un templo de narcisistas.

Invertir el tiempo observando moscas es una acción mucho más noble y creativa que escupir veneno a los demás bajo el anonimato de un pseudónimo o un nombre ”vacío” por redes sociales. Pues el sapo me mandó un mensaje por escrito hoy por la mañana y que decía:

”Tu último artículo está lleno de aplastante vulgaridad y arrogancia”.

Pues que desde que se inició ”la burbuja digital” con esto de las redes sociales hace ya una década, los que quedan en contacto son los de siempre, los sapos, esos que son verdaderos psociópatas, psicópatas, psicóticos, manipuladores y reventadores de todo anvance humano, y luego están los masoquistas disfrazados de ingenuos novatos, pero a los que les gusta picar el anzuelo del odio del otro. Luego a esto lo llamán discutir, la nueva oratoria, toda opinión posee de igual valor en el postmodernismo. En fin, una ecatombe y prueba categórica del verdadero Yo del ser humano.

Además están los solitarios, esos tipos y tipas que estafan, asesinan o violan. Esos sapos también se mueven en lo digital, muchos de ellos en la llamada dark web, pero otros están a flote a la vista de todo el mundo como si fueran simples sapos. Todo un desarrollo social y humano.

Pues la diminuta mosca del supermercado en la zona de las frutas y verduras, resultó no ser foránea, allí estaba aún en vuelo, casi a mediados de noviembre y me quedé fascinada, literalmente embobada. Esa “minimosca sueca” no vino viajando con las cajas de fruta desde otros lugares, en absoluto, lo xenófobo era todo lo demás alrededor de ella, porque esta mosca era autóctona, nacional. Lo digo porque la última nube de insectos vivos que populan este país llamado Suecia, se trata precisamente de estas diminutas moscas que aparecen desde finales de septiembre pero que solamente ”son ocupas de paisajes de interior”, es decir habitan exclusivamente dentro de las casas y en sitios cerrados.

Además suelen aparecer casi sin que nos demos cuenta de un día para otro, en algún frutero o incluso en la bolsa de residuos alimenticios orgánicos que los buenos ciudadanos tienen en sus hogares normalmente bajo el mueble del fregadero de la cocina. Hay ocasiones en las que estas diminutas moscas se mueven despistadas hacia otra estancia, abandonando la acogedora y segura cocina, y puedes llegar a observar a ese diminuto punto negro escalar por las cortinas de tela del cuarto de baño o mirándose el propio rostro en el espejo del aseo. Pero parece que solo yo repare en estas diminutas moscas solitarias que se pierden en su vuelo y se ”teletransportan” a otras estancias de la vivienda, a modo de viaje astral.

La gente no presta atención a este tipo de cosas ni de cambios y transformaciones de la materia viva y la no orgánica que nos rodea en los distintos lugares, en el espacio que habitamos. Se trata esto de ”observaciones experimentales del superdotado” que aunque efímeras, aportan gran carga de contenido y sentido a esa ansia por aprender y curiosidad que perfuma el ser del individuo superdotado, son piezas de otros puzzles.

Un deleite para mí en esto de observar siempre las moscas de los espacios y lugares donde me encuentro fue el descubrir por primera vez diferencias estéticas y de aspecto y tamaño entre la mosca común sueca con respecto a la mosca común de España. Aunque absurdo para muchos, recuerdo con total claridad, esa sensación de verdadero éxtasis y alegoría al avistar por primera vez una ”mosca común sueca”. Su tamaño es más grande que el de las moscas españolas, yo no sabía hasta ese momento, que las moscas pueden ser distintas en los distintos países y que existen moscas autóctonas. Pero comenzar a descubrir este secreto de la naturaleza a través de la observación directa que dirige la propia curiosidad, cosa estúpida y absurda para muchos, supone para mí uno de los mayores gozos de la vida incluso por lo secreto, y la intimidad que estos instantes me aportan a mode de ”advocaciones Marianas”.

Esa mosca común sueca parece llevar tacones en sus patas, que son más largas y con marcada inflexión en ”sus rodillas”. Su mayor tamaño me permitió por primera vez incluso saber que las patas no son totalmente rectas y aparecen como el efecto óptico de delgadísimos alambres retorcidos que se han vuelto a estirar con la ayuda de unos alicates. Las alas eran más alargadas que las de las moscas españolas, que muestran menor tamaño y se me aparecen más ”redondeadas”. Estas moscas suecas, suenan diferente, su zumbido no es que sea más grave, es como que si ese bzzzzzz, fuera más como un buzzzzzz, no sé cómo explicarlo, porque estas son el tipo de cosas ”a las que se dedican los superdotados” pero que no pueden compartir con nadie, porque nadie les va a entender. Como le pasaba a Dalí con la miel en su bigote.

Estas moscas suecas se mueven incluso como si les ”pesara el cuerpo”, y presentan menos rapidez en sus movimientos que las españolas. Bueno, esa es la sensación que dan hasta que te ves intentando atrapar a una de ellas que se ha detenido encima de la mesa de la terraza, y te das cuenta de que su ingenio innato para escapar sigue estando intacto independientemente del país donde vivan.

Otra de ”mis epifanías por esto de las sobreexcitabilidades del superdotado”, fue esta de las ”minimoscas suecas” de finales de septiembre pero que sólo viven ”de puertas para adentro”. Al principio, la primera vez que ví varias de ellas tan pequeñas en mi cocina pensé que ”en 72 horas se harían adultas”, se trataba de “bebés moscas”. No recuerdo bien donde escuché este ”mito o no mito” siendo niña de que una mosca se hace adulta en tres días y tras 72 horas de vida fallece, pero para mantener la intriga de este pensamiento, me he decidido por no ”googlearlo” jamás en internet como homenaje incluso, al tipo de pensamientos que taladran el cerebro durante la infancia de los superdotados.

Al final, se trata de seguir viendo moscas y verlas como algo sublime, sin necesidad de luchar con sapos que se alimentan de estas moscas y que vienen a estropearlo todo.

Bueno, pues que estas ”minimoscas suecas” se agrupan en series de diez, y vuelan y cambian de sitio en conjunto, lo hacen casi al unísono, y en un radio de unos 35 centímetros de ancho, a modo de bella formación y banco de peces en el agua.

De ahí mi sorpresa al avistar una de estas minimoscas en solitario en el supermercado en noviembre, y de nuevo mi cabeza y curiosidad que se pone en marcha y a vivir en una realidad de absoluto placeboen el absurdo, mientras arrastro una cesta roja de la compra cuyas ruedas oxidadas emiten un sonido que para mí resulta estridente, pero que para la señora que está cogiendo naranjas a mi lado parece no inmutarla. Esos seres son siempre inmunes a mis moscas.

Esto de no haber moscas es uno de los problemas del invierno sueco para el superdotado, no ya en el ”súper” sino en la calle y en sitios cerrados. Pues es que la realidad de que las nubes de insectos veraniegos al trasluz se hayan extinguido como momento de goce durante los meses de invierno, junto con que las moscas se han puesto a invernar y ya ni zumban ni se manifiestan despiertas o medio moribundas al resbalarse de los cristales de las ventanas (donde el superdotado encuentra un oasis durante las largas reuniones de trabajo), pues que se le amputa una sobreexcitabilidad vital al superdotado,  se le amputa “una pata” que le resulta una delicia, y nos han dejan con ese ”aire en silencio y estático” donde el chirrido de las ruedas del carrito de la compra que ”capto” con mis sentidos pero sin mis moscas, se ha convertido en un castigo.

Los efectos de ese invierno sueco con ”aire en silencio y sin bichos”es una condena a la hambruna cognitiva del superdotado, todo sea dicho.

El estímulo auditivo constante del invierno en estas latitudes por la falta de ”mis moscas”, se convierte en sí, en un túnel difícil de atravesar.

Luego está el rechinar y crujido constante cuando caminas sobre la nieve, estímulo al que aún no he podido clasificar como de sublime o de abominable, pero de eso ya hablaré en otra ocasión.

Continuemos, que lo antagónico a estas ”minimoscas de interior suecas” son las ”moscas de exterior marbellíes”. Estas últimas aparecen en masa durante la misma época del año que lo hacen las minimoscas suecas, pero en esa zona del sur de España.

Tras unas pocas semanas desaparecen como ejército, dejando lugar y espacio a la mosca soliaria española de siempre y que todos reconocen. Esa que en España está presente a lo largo de todo el año. A diferencia de las anteriores, ”las moscas marbellíes” de finales de septiembre se mueven a modo de bandadas de pájaros, formaciones incluso en forma de uve de tres a cuatro metros de extensión. A mi parecer lo hacen en una estrategia mucho menos perspicaz que las minimoscas suecas, porque parecen no tener ningún objetivo por el que existir y desplazarse en concreto, más que el de estar por estar, y ser tediosas, pero tal vez su mejor cualidad sea precisamente esa, la insistencia.

En cambio, la minimosca sueca parece tener una ”estrategia de conquista” mucho más estudiada, ”las frutas y restos de comida en lugares cerrados” durante seis semanas, y se desplazan en pequeños grupos, abandonando esa masa de moscas, lo que parece aportarles una mayor capacidad de conciencia que la de la mosca marbellí.

No todas las moscas son sucias, ni todos los sapos al besarlos se convierten en príncipes, aunque en su mayoría los sapos se alimentan de moscas y no siempre son sucias. Aún hay algunos sapos príncipes que entienden que aportar una perspectiva completamente personal sobre ser y vivir como superdotado a través del uso de las redes sociales y con un humilde blog, son un acto noble y de gran valor.

A esos ”sapos príncipes” les dedico aún mi más sincero beso, a esas ”moscas bellas” que se posan ”a empaparse en el bigote del genio”, les ofrezco mi más sincera amistad y respeto, y al resto, sólo decirles que todos tenemos maneras distintas de estar y ser en el mundo, y que compartirse con sapos que comen moscas puede llegar a ser un acto excitante, un reto con sabor a miel.

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