La “movida” del superdotado

Artículo realizado por Maria Rydkvist en Estocolmo a 27 de enero de 2019

[…] Pues que el otro día soñé con Mario Vaquerizo y estábamos en el Parque del Retiro de Madrid. A esto que entre miles de personas y muy, muy a lo lejos de donde estábamos, había un niño pequeño que llevaba unos calcetines cortos rosas, pero de los que colgaban unos pequeños pololos de esos de bolitas de lana. Solo en una de las cuatro bolitas que colgaban de sus calcetines, llevaba pegada “a modo de chapita” una diminuta ranita de hierro dorado. A todo esto que miro a Mario Vaquerizo que parecía estar despistadillo sin coscarse de mucho, y le pregunto sin conocerlo, oye, y la rana? y de repente me mira riéndose y me responde de vuelta, “Maria, tú si que eres una puta superdotada”. Cuando se lo conté a Jose nos hartamos de reir los dos. Su personaje me despierta la curiosidad, y creo que esconde algo…

Como la pólvora se ha expandido eso del mito de que los superdotados son personas hurañas y raras, con problemas sociales, “niños que tienen problemas de socialización”, adultos que necesitan “de terapia muchos años” porque se ven fracasados en lo social y en lo laboral. Pero seamos cautos. Nada más lejos de la realidad. Aunque si que es cierto que el individuo superdotado vive con la soledad colgada al cuello toda su vida y con esa angustia de no encajar en el grupo, creo que hay que tener mucho cuidado con “estas etiquetas” , porque el superdotado también es sinónimo de potencia, de brío, de espontaneidad, y de naturalidad.

Los superdotados saben disfrutar como nadie de cualquier “sarao” o “juerga”, y les encanta “salir de fiesta” y “apuntarse”a todo. Lagartijas que se desplazan rápidamente levitando sobre sus diminutas patas debido al fuerte impulso del que se abastecen con cada latigazo de su cola. La sangre del superdotado es su verdadera gasolina del alma, pero es cálida, ignea y ardiente. Intensidad pura incrustada en su ADN, un purasangre.

Que son la alegría de la huerta de todo grupo, eso dicen muchos de sus conocidos…

Pues que el superdotado con ensayada inteligencia aparenta ingenuidad y saca partido a esto de la guasa y la sencillez de no perderse una y parecer no enterarse de nada, a modo “de Nancys  rubias” como el grupo musical de Mario Vaquerizo.

Aún recuerdo esa sensación de libertad cuando siendo aún muy joven volvía a casa montada en una Kawasaki agarrada a la cintura de un joven que me sacaba 7 años, con varios agujeros en las medias por la ceniza del tabaco en los pubs, y sujetando en la mano un par de rosas “de esas de a veinte duros” la unidad.

Recuerdo encontrarme en el parking de una feria rodeada de petas, chinas y papel de fumar, mientras a los lejos se escuchaba, cual llamada a la oración, los altavoces de los puestos de los feriantes y que gritaban por sus micrófonos:

“…que viva la chochona! otra muñeca chochona!”

Los críos y jóvenes de esa época crecimos escuchando que las muñecas podían ser “chochonas” pero qué significaba ser “chochona”? Pues nada bueno, en la parte de Andalucía de la que procedo, se trata de una niña o mujer excesivamente tranquila, pero un tranquila sinónimo de lenta, a modo peyorativo, y de “esposa” que no llega a tiempo en eso de tener bien atendidas las “cosas de su casa”.

Para ellos estaban “los perritos pilotos”, y los feriantes gritaban por sus micrófonos:

“que alegría, que alboroto, hay viene otro perrito piloto!”.

Las muñecas chochonas eran rechonchas, los perritos pilotos eran simplemente un peluche de lo más básico en forma de perro amarillo con orejas largas, pero no iban vestidos de pilotos. Nunca entendí nada del plan de negocio y marketing de las ferias de esta época…Aunque las muñecas chochonas sí que llevaban una especie de delantal blanco encima del vestidito…

A la gente parecía no importarle lo malsonante del nombre de pila de estas muñecas y las familias disfrutaban paseando por el recinto ferial. Algo impensable en la sociedad actual en la que todos se sienten ofendidos. Hoy lo políticamente incorrecto y “original” se ha convertido en mirar las miles de fotos retocadas de la nueva realidad inventada que circula de manera homogénea por Instagram a nivel global.

Eran tiempos en los que las letras de las canciones creaban una época y donde escuchar en el equipo de música “November Rain de Guns & Roses” echada en la cama junto a un joven que olía a Massimo Dutti, tenía su propia vespino y salía con una chupa de cuero negra encima de una camiseta interior blanca los fines de semana, era todo un acto de verdadera rebeldía para una chica superdotada.

[…] But lovers always come and lovers always go
An’ no one’s really sure who’s lettin’ go today
Walkin’ away
If we could take the time to lay it on the line
I could rest my head, just knowin’ that you were mine
All mine…  (Guns & Roses)

Muchas letras de hoy se me aparecen tan ordinarias como los gritos de los feriantes de antaño con sus peluches baratos, y donde un  “hola, mira que bien me va sola, nadie a mi me controla, y aunque me lo pidas ya no te doy ni la hora…” se convierte en una especie de estribillo a cual himno del feminismo, todo un ejemplo del empoderamiento de la mujer. Aunque debo reconocer que esta al final también la bailo…

Como esa noche que le saqué 10 rosas “de veinte duros”, tres copas de Martini Bianco y tres chupitos (tres “cerebros” con granadina) por “la cara” y “por mi cara” a un par de jóvenes de los extrarradios de mi ciudad en un pub, con la esperanza por parte de alguno de ellos de poder “acompañarme luego a casa”…Con la excusa de necesitar ir al servicio, me largué del pub sin despedirme de ellos, con esos pequeños trozos de los cristales de las copas rotas en el suelo, que estaban incrustados en las suelas de mis zapatos de tacón alto. Eso sí que era empoderamiento.

Los jóvenes de hoy viajan en Uber y Cabify que reservan desde los aplicativos de sus móbiles, pero en qué momento les hemos hecho que pierdan la libertad de viajar en una vespino mientras aún resuena en tu “encapotada cabeza por las copas” esa canción de The Cramberries que el DJ pinchaba en el último pub justo antes de volverte a casa…

Superdotados, aún sentís el alboroto y diversión de “esa movida del superdotado” que nos hace ser algo golfos y nos empodera y llena de vida por lo natural de su espontaniedad?

En Instagram ya no existen las “Nancys modelo Ibiza”.

Hacia dónde nos movemos hoy?

nancy

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