“Luchar contra molinos de viento”

Artículo realizado por Maria Rydkvist en Estocolmo a 5 de marzo de 2019

…En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:

–La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

–¿Qué gigantes? –dijo Sancho Panza.

–Aquellos que allí ves –respondió su amo– de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

–Mire vuestra merced –respondió Sancho– que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

–Bien parece –respondió don Quijote– que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que, sin duda alguna, eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero Sancho ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes, iba diciendo en voces altas:

–Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.

(El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra)

Un Hidalgo es una persona de ánimo noble y generoso. Individuos con actitud hidalga y valiente.

Toparse con un hidalgo se convierte en todo un desafío y lucha vital porque se trata de individuos que luchan contra aquellas bestias que las demás personas intentan evitar o eludir, al tratarse “sólo de molinos”.

Si el hidalgo localiza “gigantes” dónde sólo se han visto “molinos” durante décadas o incluso cientos de años, el hidalgo luchará con todas sus fuerzas e ímpetu hasta conseguir derrotar la amenaza que para el bien común suponen las aspas de los molinos y todo lo que estas arrastran a su paso.

El hidalgo le sabe poner la etiqueta al gigante invisible para muchos, lo busca y lo persigue dejándose la piel y el alma en tan noble causa. Las personas altamente superdotadas tienen la moralidad de un hidalgo. Muchos de ellos no dudarán en sacar su escudo y lanza ante las injusticias del mundo, ante los más débiles. Siempre ha sido así.

En la mayoría de los casos verán como su entorno les niega la razón y les cuestiona porque han crecido acostumbrados al paisaje de un campo lleno de molinos y que ahora otros desean derribar. Combate que cuestiona su propia función y conocimientos, al ser parte de esa rueda de piedra pulida de los molinos, que desgajan el trigo hasta convertirlo en polvo.

Estos “Don Quijotes” en la era de la digitalización se posicionan sueltos a modo de retales de un “patchwork” que se deshila poco a poco a sus pasos. Rompen la bobina que todo lo sellaba en un discurso homogéneo donde el único modo de ver las cosas era seguir mirando a los molinos y mantenerse inertes frente a los verdaderos gigantes y bestias del sistema. Las verdaderas bestias son la inacción y el acomodamiento de las propias personas.

Estos “personajes de fábula” son verdaderos talismanes de las sociedades de hoy en día, porque introducen gravilla en la piedra del molino para que comience la fricción en el lugar exacto y las cosas puedan mejorar para el bien de la humanidad.

Los hidalgos jamás actúan por el beneficio propio, ya que son inevitablemente idealistas y cual Don Quijote de la Mancha, “sueñan despiertos” y ven acercarse a las bestias donde el resto vive en paz y serenidad “junto a sus molinos” que producen buena harina para elaborar el pan del que necesitan alimentarse cada día.

Pero las bestias y los gigantes están ahí, siempre, sólo hay que apuntarlos con la lanza y verlos a tiempo. A los hidalgos les tiembla el pecho y las rodillas sujetan su torso vagamente a cada paso irregular pero firme con el que caminan.

El miedo y la pasión se convierten en matrimonio perfecto de la propia aventura. Todos los hidalgos tienen miedo, por supuesto. Cada aventura es un misterio y reto sin resolver, donde pueden llegar a perder hasta la vida en las mismas, pero los hidalgos entienden que la única manera de enfrentarse al miedo es mirándolo a la cara.

Las injusticias son hermanas de sangre del miedo, nacieron en la misma cueva al inicio de los tiempos. Entender que la combinación es inevitable y asumirla como parte de la propia vida de estos nobles hidalgos de historias de caballería, es un aditivo vital para poder ser candidato a hidalgo, para vivirlo y contarlo de ese modo.

Los hidalgos miran a los gigantes a los ojos, la pasión les puede más que el miedo. La injusticia les lleva a cegarse en sus causas, hasta darlo todo por el objetivo, por hacer el bien y desplegar humanidad y justicia en los senderos por los que cabalgan con su viejo y delgado rocín. Rocín que resulta ser un caballo excelente de guerra.

Ser el “Rocinante” de estos Don Quijotes de nuestros días se convierte en todo un relato de amor y de eterna amistad.  “Rocinante”, nombre al parecer para Don Quijote que “sonaba alto, sonoro, y significativo de lo que había sido cuando fue rocín”, antes de lo que era ahora, que era antes y primero de todos los rocines del mundo”.

El Hidalgo y su rocín son un todo imperturbable. 

Relatos actuales de caballerías y de aventureros que se adentran en terrenos de tinieblas enfrentándose a sus propios fantasmas y plantándole cara a los gigantes. Lo llevan en su ADN. Para ellos ningún objetivo se les aparece imposible, y lucharán “contra molinos de viento” ante las miradas de los demás.

El combate contra los molinos de viento es símbolo muy elocuente de ejemplo de lucha desigual en casi todos los países del mundo. Un “David contra Goliat”, en toda regla, para arreglar la dirección del viento de las aspas y otros asuntos de caballerías.

Breves palabras con este artículo que deseo dedicar a esos nobles y valientes Hidalgos que aparecen de repente en nuestras llanuras, a modo de horizontes y oasis con manos luchadoras que sujetan temblando sus afiladas picas.

Me encuentro a su merced,

Firmado: Rocinante.

manos

 

 

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